sábado, 3 de diciembre de 2016

SOY TU ZORRA

Soy una zorra desde que me casé. Me llamo Catalina. Me inspira Catalina Cruz.

Me casé con 25 años. Hasta entonces era una mujer con una vida sexual muy normal: sólo hacía el amor con mi novio. A los tres meses de casarme empecé a sentir que el matrimonio me asfixiaba. Empecé a sentir la necesidad de tener sexo con otros hombres. Aprovechaba los viajes de mi marido para salir a discotecas hot donde sabía que iba a encontrar hombres dispuestos para follar. Había noches que follaba sólo con uno, pero otras noches tenía sexo con dos, tres y cuatro hombres a la vez. Esas noches eran fantásticas. Durante el primer año en el que fui infiel a mi marido tuve sexo con 20 hombres y después de diez años con más de 250. Diréis que soy una zorra. Tenéis razón. Después de esos diez años me decidí a buscar un hombre que me follase duro y salvaje, al que no le importase que fuese una zorra y sí le excitase. ¡Por fin, le encontré! Es David, tiene 24 años y es mi vecino.


 Una mañana me asomé por la ventana y miré hacia la habitación de mi vecino sin que él me viese. Se estaba masturbando, lo cual me excitó. Me imaginé teniendo sexo con él. Cuando se dio cuenta de que le estaba observando le hice el gesto de la felación y él se corrió.


Por la tarde coincidimos en el ascensor, que detuve de manera intencionada.
-Me gustó ver cómo te masturbas.
-Me masturbo pensando en ti.
-¿Acaso no tienes una novia con la que tener sexo?
-Con mi novia sólo puedo hacer el amor.
-¿Cuál es tu fantasía?
-Me muero por follarte duro. ¿Cuál es tu fantasía?
-Que me folles duro y salvaje.
-Pero estás casada.
-Le soy infiel a mi marido.
-Entonces eres una zorra.
-¿Te importa?
-Me excita.
-Ven a casa. Mi marido está de viaje. Follemos duro y salvaje.


Entramos en casa y empezamos a desnudarnos, acariciarnos, besarnos.
-Catalina, antes de follarte quiero comerte enterita. Me muero de ganas.
-Cómeme.
Me senté en el borde de la cama. David se arrodilló. Comenzó a besarme los muslos, luego el sexo y el clítoris. Con sus dedos abrió mi sexo y deslizó la lengua dentro de él. Mi excitación iba a más con cada pasada de lengua por mi sexo y mi clítoris.
-¿Te gusta? –preguntó David.
-Me vuelve loca.
David pasó su lengua por cada milímetro de mi sexo, de mi clítoris. Yo gemía de placer.
-Sigue, sigue.
David presionó mi clítoris y un orgasmo recorrió mi cuerpo.


-Ahora fóllame duro y salvaje.
-¿Cuánto de duro y salvaje?
-Tan duro y salvajes como seas capaz.
David me puso a cuatro patas. Giré mi cuello para ver cómo iba a deslizar su polla dentro de mi sexo. Cogió su polla, dura como un bate de béisbol y con ella golpeó mis nalgas, mis muslos y mi sexo. Luego con su polla acarició mi sexo. Por fin, deslizó su polla dentro de mi sexo. Comenzó a embestirme, primero despacio y con delicadeza, luego rápido y como le pedí, duro y salvaje. A veces sacaba su polla de mi sexo para acariciarme el sexo y el clítoris con sus manos.
-Me gusta acariciar tu sexo.
-Fóllame duro, fóllame.
David volvió a deslizar su polla dentro de mi sexo. Sus embestidas eran profundas. Nunca sentí una polla tan adentro de mí. Nunca un segundo orgasmo tan intenso.


-Ahora voy a ser yo la que te folle duro y salvaje.
David hizo lo que le pedí, tumbarse en la cama boca arriba. Me acerqué a él gateando. Cuando llegué a su polla, la cogí y empecé a masturbarle y chuparle la polla desde las pelotas hasta la punta. Metí su polla en mi boca. Me gustó. Se la volví a chupar durante un par de minutos. Estaba dura y erecta como un misil. Entonces me coloqué en arco de triunfo sobre él, cogí su polla y descendí sobre ella, deslizándose dentro de mi sexo. Empecé a cabalgar con la polla de David dentro de mí. Mis movimientos eran sinuosos y elásticos, hacia delante y hacia detrás. A veces paraba para excitar mi clítoris con mis dedos o con la polla de David. Luego volvía a deslizar la polla de David dentro de sexo y volvía a cabalgar. Después de unos un par de minutos, y cuando me sentí más excitada que nunca, saqué la polla de David de mi sexo y con ella presioné mi clítoris con tanta intensidad que sentí el orgasmo más fantástico de mi vida.


-Quiero vaciarte las pelotas, dejarte sequito.
David se puso de pie, yo me arrodillé delante de él. Le agarré la polla y la levanté. Le chupé la polla desde las pelotas hasta la punta. Le hice varias pasadas antes de meterme la polla en la  boca y empezar a hacerle una paja a toda velocidad. Quería que se corriese rápido y sin control.
-¡Qué zorra eres, y cuánto me gustas!
-Soy tu zorra.
-Sigue, sigue.
Seguí y en un par de minutos conseguí que David se corriese a chorros. Llenó mi boca de semen, y adornó mi carita de viciosa con su jugo delicioso, que recogí con los dedos de mis manos para llevármelo a la boca. Fue delicioso.


Soy la zorra de David y David es mi amante favorito. Cuando mi marido se va al trabajo o de viaje llamo a David para tener sexo duro y salvaje.

martes, 1 de noviembre de 2016

ZORRA SALVAJE

Soy una zorra salvaje. Me llamo Verónica. Me inspira Veronica Rayne.

Como tantas mujeres me inicié en el sexo con 18 años y con mi primer novio. En cinco años tuve tres novios, sólo tuve sexo con ellos. Todo cambió en el viaje que hice para celebrar que terminé la carrera. Visité todas las discotecas hot de Europa. ¿Con cuántos hombres tuve sexo? Seguro que con más de 100, de uno en uno, o con dos, tres y cuatro a la vez. ¿Con cuántas mujeres tuve sexo? Al principio me resistí, pero primero participé en tríos donde las mujeres éramos dos, y luego sólo con mujeres para excitar a hombres que a continuación nos follaban con todas sus ganas. Me di cuenta de que era una zorra. Entré a trabajar como stripper en una discoteca hot y como hot assistance en un hot hotel. Me sirvió para tener mucho sexo y ganar mucho dinero. Uno de mis jefes se enamoró de mí y nos casamos. Tenía 28 años. Dejé mis trabajos, pero seguí teniendo sexo con otros hombres y mujeres. Mi marido me lo consentía mientras no tuviese amante estable. Tuve sexo con más de 150 hombres y más de 50 mujeres durante los seis años de matrimonio. Cuando mi marido supo que tenía amante estable y era mujer me pidió el divorcio. Pasé otros cuatro años follando siempre que tenía ocasión: tuve sexo con más 100 hombres y 20 mujeres. Disfrutaba montándome gangbangs hasta con doce hombres. Pero fue gracias a Melba, amiga y amante, que conocí a David, un joven de 24 años, del que Melba me hablaba maravillas, de cuánto y lo duro y salvaje que la follaba. Como compartíamos hombres a Melba no le importó que tuviese una sesión de sexo con David.


Quedamos en el bar de un hotel.
-Mi amiga Melba me ha dicho que follas duro y salvaje. Me lo tienes que demostrar.
-Melba me ha dicho que eres una zorra salvaje. Me lo tienes que demostrar.
Nos fuimos a una de las habitaciones. Ya en el ascensor David me puso de espaldas contra la pared y empezó a besarme el cuello, las mejillas y la boca. También me puso las manos en el culo y me acercó todo lo que pudo a su polla, que empezó a restregar en mi sexo.
-Te voy a follar muy duro.
-Te voy a dejar sequito.


Entramos en la habitación y empezamos a desnudarnos.
-Te quiero comer enterita.
-Te quiero dejar sequito.
Fuimos a la cama. David se tumbó boca arriba, yo me dispuse en arco de triunfo sobre su boca, sacó su lengua, descendí y empecé a sentir cómo lamía mi sexo y mi clítoris. Mi excitación crecía y crecía, y cuánto más crecía más ganas tenía de disfrutar de la polla de David, que se manifestaba erecta y dura. Me tendí sobre el cuerpo de David, agarré su polla y la chupé por primera vez. Empecé a hacerle una paja con la polla dentro de mi boca. Cuánto más le chupaba la polla, más me chupaba el sexo y el clítoris. Su polla llenaba mi boca y su lengua mi sexo. Nos pusimos a cien, a mil. Con su lengua presionó mi clítoris con tanta intensidad que tuve un orgasmo fantástico.


-Soy una zorra salvaje, fóllame duro y salvaje.
-Nunca te han follado como yo te voy a follar.
David me puso de pie, me llevó ante el espejo que estaba sobre la coqueta, me apoyé en el mueble, me cerró las piernas y entre ellas deslizó su polla dura.
-¿Qué haces?
-Es como si te estuviese follando.
-Quiero que me folles de verdad.
-Así hago que te sientas una calientapollas.
Empecé a sentir cómo la polla dura de David se deslizaba entre mis muslos, cerca de mi sexo.
-Me está gustando. Sí soy tu calientapollas y tu zorra.
-¿Estás lo bastante caliente como para que te folle duro y salvaje?
-Mi sexo echa humo.


David me dio la vuelta, me sentó sobre la coqueta, me abrió de piernas y deslizó su polla dentro de mi sexo. Sus embestidas eran profundas. Me embestía a varias velocidades. Cuando iba despacio aprovechaba a besarme los labios o los pechos, que apretaba con las manos. Cuando iba deprisa sus embestidas eran salvajes. A veces sacaba su polla de mi sexo para rozar mi clítoris. De nuevo deslizaba su polla dentro de mi sexo. Siempre conseguía que su polla llegase a donde no había llegado ninguna otra. Cuando el ritmo de sus embestidas era tan veloz como un bólido de Fórmula 1 sacó su polla de mi sexo y con ella presionó mi clítoris con tanta intensidad que tuve mi segundo orgasmo.


-Quiero follarte y vaciarte las pelotas.
-Como quieras, mi zorra salvaje.
Que me llamase “zorra salvaje” desató en mí un apetito de sexo duro y salvaje como nunca antes sentí.
-Te voy a follar tan duro y salvaje como tú a mí.
Llevé a David al borde de la cama.
-Túmbate boca arriba. Te voy a cabalgar.
David sonrió y obedeció.
-Fóllame hasta dejarme sequito.
Me puse en arco de triunfo sobre la polla erecta de David. Cogí su polla, descendí sobre ella, la sentí y la deslicé dentro de mi sexo. Comencé a cabalgar, al principio despacio, después fui ganando velocidad. Sentía la polla dura de David muy adentro de mí. Me gustaba. A veces David se incorporaba y yo me inclinaba sobre él para besarnos. Otras veces me excitaba el clítoris con mis dedos o con la polla de David. Cualquier cosa valía para llegar al tercer orgasmo. Cuando tuve mi tercer orgasmo caí desvanecida sobre David, que me cubrió de besos.


-Todavía no me has vaciado las pelotas, zorra salvaje.
-Ahora te las vacío como la zorra salvaje que soy.
David se puso de pie en el centro de la habitación. Yo fui hasta él gateando. Me puse de rodillas delante de él. Le agarré la polla y se la levanté. Le chupé las pelotas y la polla hasta la punta. Me metí la polla en la boca y empecé a hacerle una paja a toda velocidad. A veces paraba para chuparle la polla.
-Sigue hasta el final, mi zorra salvaje.
Que me llamase “mi zorra salvaje” me excitó más aún. Me metí otra vez la polla en la boca y aceleré el ritmo de la paja hasta se corrió a chorros. Me llenó la boca con su jugo delicioso. Saqué de mi boca la polla de David, que me regaló tres chorros más de su semen con los que cubrió mi carita de viciosa. Recogí con los dedos el semen de mis mejillas y me lo llevé a la boca. Me relamí de gusto.


Por fin, a mis 38 años conocí a un hombre que me folla como me hace sentir, como una zorra salvaje. David y yo somos amantes. Disfrutamos de sexo duro y salvaje. Pero cuando más disfrutamos del sexo es cuando hacemos un trío con Melba.

sábado, 1 de octubre de 2016

SEXO DULCE

Me gusta practicar sexo. Me llamo Micaela Mar. Me inspira Mika Tan.

Tardé en iniciarme en el sexo por culpa de mi primer novio, que quería que llegásemos vírgenes al matrimonio. Pero yo no podía aguantar más. En la fiesta de fin de curso de tercero de carrera me decidí a tener sexo con un desconocido con quien fue un verdadero placer iniciarme en el sexo. Luego participé en fiestas sexuales donde pude tener sexo con muchos hombres, de uno en uno o con varios a la vez. Lo que más me gustaba era tener sexo con varios hombres a la vez que obedeciesen mis deseos. Tener a dos, tres o cuatro hombres follándome duro y derramándose sobre mí me hacía sentir muy zorra. Pero si en vez de ser cuatro hombres eran ocho la experiencia era mucho más intensa y satisfactoria. Sin embargo, después de cinco años en los que debí tener sexo con más de 500 hombres empecé a sentir la necesidad de tener un amante exclusivo. Además, de practicar sexo en grupo con otros hombres quería tener un amante con quien practicar sexo en pareja.



Le conocí en un hot hotel. Buscaba lo mismo que yo. Los dos queríamos lo mismo, los dos nos gustamos en cuanto nos vimos. Subimos a mi habitación. Cuando empezamos a desnudarnos me di cuenta que David iba a ser el amante perfecto. Sus besos y caricias eran duces y excitantes. Si me besaba las mejillas, quería que me besase los labios; si me besaba el cuello, quería que me besase los pechos; si me besaba los muslos, quería que me besase el sexo. Sentir su lengua en mis labios, pechos, muslos, sexo y clítoris me excitaba hasta límites inimaginables. Abrió mi sexo y deslizó su lengua hasta tan adentro que aluciné, presionó mi clítoris con su lengua y con tanta intensidad que le pedí que siguiese. Era dulce y obediente. Siguió jugando con su lengua, lamiendo mi sexo, presionando mi clítoris. Sabía lo que hacía y lo que quería conseguir de mí. Tuve un orgasmo y mientras lo tuve siguió lamiendo mi sexo y mi clítoris.


Quería devolver a David el mismo placer que él me dio. Se había tumbado sobre la cama. Me arrodillé delante de él, le agarré la polla y empecé a masturbarle. Su polla empezó a crecer y a ponerse dura. Nunca vi una polla tan irresistible. Me agaché y comencé a lamer y chupar esa polla de la que quería obtener todo el placer que pudiese. A David le lamí las pelotas y la polla hasta la punta una y otra vez. Le pajeaba mientras tenía su polla dentro de boca. Cuando la polla de David era un misil apuntando al cielo dejé de masturbarle para follarle duro. Me coloqué en arco de triunfo sobre su polla, la agarré, descendí y la deslicé despacio dentro de sexo, tan adentro como pude. Empecé a cabalgar, a gemir, a excitar mi clítoris cuando me detenía unos segundos antes de volver a cabalgar. Durante minutos la excitación y placer fueron creciendo hasta que un orgasmo me agitó hasta desvanecerme.


David me tendió sobre la cama boca arriba, me abrió de piernas, con su polla acarició mi sexo y mi clítoris, deslizó su polla dentro de mi sexo y se tendió sobre mí. Mientras me follaba besaba mis pechos, mi cuello, mis labios. Sus embestidas eran profundas e intensas. Crucé mis brazos y piernas por detrás de él para que entendiese que tenía que seguir hasta el final. Lo entendió y sus embestidas fueron más veloces hasta que se detuvo.
-¿Por qué te paras?
David sacó su polla de mi sexo y con ella presionó mi clítoris de una manera tan intensa que tuve mi tercer orgasmo.


-David, quiero tu polla.
-Micaela, mi polla es tuya.
Me arrodillé delante de David, agarré su polla, lamí sus pelotas y su polla hasta la punta, una y otra vez. Me metí la polla de David en la boca y comencé a hacerle una paja a toda velocidad. A veces paraba para chupar la polla de David despacio y con dulzura. Pero de nuevo metía la polla de David en la boca y aceleraba el ritmo de la paja… Hasta que David se derramó llenando mi boca con su jugo delicioso. Saqué la polla de David de mi boca y aún me regalo un par de chorros de su crema blanca que adornaron mis mejillas. Recogí el semen de David y me lo llevé a la boca.
-¡Mmmm, qué rico! –dije.
-Micaela Mar, me gusta. Quiero sexo contigo siempre.
-Yo también quiero sexo contigo siempre.



David es obediente en el sexo y me da el sexo dulce que me gusta. Por eso seguimos siendo amantes. Pero si vamos a pasar un tiempo separados practico sexo con otros hombres.

jueves, 1 de septiembre de 2016

ZORRA POR NATURALEZA

Soy zorra por naturaleza. Me llamo Melba. Me inspira Nikki Sexx.

Entre los 18 y los 20 años fui una chica normal que hacía el amor una vez a la semana con su primer novio. Una amiga me invitó a una sex party. Me dijo que habría hombres mayores que nosotras con mucha experiencia sexual. Fui por curiosidad. En menos de diez minutos ya tenía un hombre con el que tener sexo. Después tuve sexo con otros dos hombres. Me di cuenta de que follar con desconocidos me gustaba más que hacer el amor con mi novio. Participé en más fiestas: unas veces tenía sexo con un hombre, otras con dos, con tres o con cuatro, pero también con chicas. Rompí con mi novio. En cinco años debí tener sexo con más 200 hombres y 30 mujeres. Me casé con 28 años. Antes de casarme le dije al que iba a ser mi marido que le iba a ser infiel. Me dijo que no le importaba, pero no soportó los celos y nos divorciamos un año después. Le fui infiel con 18 hombres y 4 mujeres. Me casé por segunda vez con 30 años. Mi marido viajaba mucho y no perdía ninguna ocasión para tener sexo con otros hombres y mujeres: en los seis años que duró mi matrimonio fui infiel a mi marido con 130 hombres y 22 mujeres. Después de mi segundo divorcio decidí no volverme a casar y tener sexo con personas más jóvenes que yo hasta conseguir un grupo de amantes –hombres y mujeres– que me diesen el sexo que necesito. En un año tuve sexo con 85 hombres y 26 mujeres. Me he quedado con los mejores. El mejor de todos es David.


Vino a vivir a uno de los apartamentos de la comunidad en la que vivo. Me di cuenta de que a veces bajaba a la piscina con una chica, pero no mostraban gestos de cariño. Una de las veces que bajó solo a la piscina me acerqué a él y empezamos a hablar.
-¡Hola! Me llamo Melba.
-¡Hola! Me llamo David.
-Hoy no ha venido tu hermana.
-¿Qué hermana?
-La chica que a veces está contigo.
-No es mi hermana. Es mi novia. Y estoy harto de ella.
-¿Por qué?
-Llevamos seis meses saliendo y aún no hemos hecho el amor.
-¿Qué edad tenéis?
-Yo 24 y ella 22.
-Con vuestros años tenías que estar follando a todas horas.
-Quiero una mujer de verdad con ganas de sexo.
-Esa mujer la tienes a tu lado.
Nos miramos. Nos besamos. Nos acariciamos.
-¿En tu casa o en la mía? –preguntó David.
-En la mía. Ahora mismo.


En el ascensor nos volvimos a abrazar, a besar, a tocarnos. Estaba claro que los dos queríamos sexo duro y salvaje. Llevé a David a mi dormitorio. Le empujé y cayó sobre la cama, le quité el bañador y me arrodillé, le cogí la polla y empecé a masturbarle. Le chupé la polla desde las pelotas hasta la punta.
-Melba, eres fantástica.
-Melba es una zorra que te va a hacer disfrutar del sexo duro y salvaje.


Me metí su polla en mi boca y seguí haciéndole la paja a toda velocidad. Pero decidí parar. Delante de mí la polla de David, dura como un bate de béisbol. Me vino el deseo de hacer un 69 y no pude ni quise contenerme. Me quité el bikini. Me puse sobre David, abrió mi sexo con sus dedos y deslizó su lengua dentro de mi sexo.
-David, cómeme entera.
-Y tú a mí.
Me tendí sobre David, agarré su polla y empecé a chupar con todas mis ganas. Cuanto más chupaba su polla, más chupaba mi sexo. Cuanto más chupaba mi sexo, más chupaba su polla. Así durante minutos hasta que tuve un orgasmo fabuloso. Y mientras tenía el orgasmo David mantuvo su lengua dentro de mi sexo.


-David, te quiero follar duro.
-Fóllame como quieras.
Me puse en arco de triunfo sobre David, agarré su polla y descendí sobre ella. Sentí que se deslizaba dentro de mi sexo. Empecé a cabalgar. Mis movimientos eran sinuosos. A veces paraba y me inclinaba sobre David para que pudiese lamer mis pechos, mis pezones. Otras veces me excitaba el clítoris a la vez que mantenía la polla de David muy adentro de mi sexo. Gemía como una zorra. Me lo estaba pasando en grande y quería que David se lo pasase igual de bien. Cabalgué más y más deprisa con la polla de David dentro de mi sexo. Volví a excitar mi clítoris. Cuando sentí cerca el segundo orgasmo saqué la polla de David de mi sexo y con ella presioné mi clítoris. El segundo orgasmo me agitó Caí sobre David.


-Melba, eres fantástica. Quiero que me vacíes las pelotas.
-Vale. Pero antes me tendrás que follar tan duro como seas capaz.
-Claro que sí. Te follaré muy duro y salvaje. Te follaré como hay que follar a una zorra.
-Me excita que me llamen zorra.
-Y a mí que lo seas.
David me tendió sobre la cama y me abrió de piernas. Él se puso de rodillas entre mis piernas, cogió su polla y la deslizó dentro de mi sexo. Empezó a follarme como folla un hombre de verdad, que siente pasión por la mujer que tiene delante, que quiere disfrutar de ella y hacerla disfrutar del sexo. Adoptamos las posturas que David quiso, a cuatro patas y de nuevo él encima.  En todas buscaba deslizar su polla muy adentro de mí a la vez que yo excitaba mi clítoris.
-Otra vez estoy cerca del orgasmo –dije.
David sacó la polla de mi sexo y con ella presionó mi clítoris. Tuve mi tercer orgasmo. ¡Fantástico!


-Ahora sí te has ganado que te vacíe las pelotas. Te voy a dejar sequito.
Se puso de pie, yo de rodillas delante de él. Le cogí la polla, se la chupé desde las pelotas hasta la punta, me la metí en la boca y empecé a hacerle una paja a cien, a mil, a toda velocidad. Tenía ganas de que se corriese y de lo que hiciese a chorros.
-Sigue, Melba, sigue.
Obedecí hasta conseguir lo que me pidió y yo tanto deseaba. David se corrió dentro de mi boca. Saqué su polla de mi boca. David se siguió corriendo. Cubrió mi carita de zorra con su semen delicioso, que recogí con mis dedos y me llevé la boca.
-Me gusta, me gusta –dije.
-Tenemos que follar todos los días –dijo David.



A mis 38 años he encontrado el hombre y amante que buscaba. David es mi amante favorito. Es el que mejor me folla y el que me hace sentir más zorra.

miércoles, 3 de agosto de 2016

INFIEL EN MI BODA

Fui infiel el día de mi boda. Me llamo Samantha. Me inspira Sammi Tye.

Nunca he sido mujer de un solo hombre. Me inicié en el sexo con 20 años teniendo claro que nunca iba a tener una pareja estable, que quería follarme al mayor número de hombres. Participaba en sex parties, en las que el único objetivo que tenía era pasar un buen rato teniendo sexo con un hombre, con dos, con tres… En una de esas fiestas llegué a estar con ocho a la vez, fue un ganbang fantástico. En esos años locos tuve media docena de parejas abiertas y me follé a más de doscientos tíos. Pero pasaron los años, cumplí 28 y pensé que iba siendo hora de cazar un marido que me diese una vida llena de lujos. Me fijé en un médico de alto nivel profesional. Para conquistarle le daba sexo de calidad y le fui fiel en los seis meses de noviazgo. Sin embargo, me falló el día que nos casamos. Después de darnos el “sí quiero” y firmar ante el juez nosotros y los testigos, llamaron a mi marido de la clínica en la que trabaja para realizar una operación.
-¿No hay más médicos en el hospital? –pregunté a mi marido.
-Es mi paciente. La operación tiene que ser ahora, que han llegado los riñones para hacerle el trasplante.
Mi marido se fue al hospital. ¿Qué podía hacer yo?


Faltaban dos horas para que empezase la cena en el hotel que contratamos para celebrar la boda. Mi coche lo conducía uno de los testigos de boda.
-No quiero estar sola en mi boda.
-Samantha, sería un placer acompañarte –dijo David.
-Un placer sería que hoy un hombre de verdad me diese mucho sexo.
David pisó el acelerador para llegar pronto al hotel. Llegamos los primeros. Fuimos a la habitación que había reservado para pasar la primera noche de casada.
-Te voy a follar tan duro como soy capaz.
-Eso quiero. Pero antes cómeme enterita.
David no perdió un segundo. Me llevó hasta la coqueta para que me apoyase con los brazos en ella. Se arrodilló, me quitó la falda y las braguitas, me abrió de piernas y pasó la lengua por mi sexo. ¡Empezaba la fiesta! Abrió mi sexo con los dedos y deslizó la lengua dentro de mi sexo. Yo empecé a gemir. Mis gemidos subieron de tono cuando empezó a excitar mi clítoris con sus dedos y su lengua. Deslizó un dedo dentro de mi sexo y a moverlo a la vez que lamía mi clítoris y lo presionaba con la lengua. Cada vez más deprisa, cada vez más intenso. El orgasmo me agitó.


-¿Te ha gustado?
-Sí, mucho. Ahora fóllame duro.
David se puso de pie, se desnudó de cintura hacia abajo. Deslizó su polla entre mis muslos y empezó a embestirme.
-¿Qué haces? Mete tu polla en mi sexo.
-Cuando tenga la polla como una barra de acero la sentirás dentro de ti.
Le quité la camisa, él me quitó la chaqueta, la blusa y el wonderbra. Nos besamos, nuestras lenguas jugaron, besó mis pechos, lamió mis pezones. Sentí que su polla ya estaba dura como una barra de acero.
-¿A qué esperas?
David cogió su polla y la deslizó dentro de mi sexo, tan adentro que aluciné. Sus embestidas eran intensas y profundas.
-Sigue, sigue, más, más.
-Te gusta picarme. ¡Qué zorra eres!
-Sí, soy muy zorra.
David me follaba duro y salvaje, como a mí me gusta.
Mis gemidos se debían oír fuera de la habitación, porque mi amiga Selma entró.
-¿Qué haces, zorra? –dijo Selma–. ¿Estás siendo infiel el día de tu boda?
-Sí. Es el día de mi boda y tengo derecho a follar.
-Fóllala duro –dijo Selma, dirigiéndose a David.
David aceleró el ritmo de sus embestidas hasta que paró, sacó la polla de mi sexo y con ella presionó mi clítoris. Tuve mi segundo orgasmo.


-Fóllame otra vez –le pedí a David.
-Sí, fóllala otra vez mientras la como enterita –dijo Selma.
David me puso de frente a la coqueta y a un espejo. Selma se arrodilló entre la coqueta y yo. Sentí cómo David deslizaba su polla dentro de mi sexo y Selma empezaba a lamer mi clítoris. Me gustaba, me estaba volviendo loca de placer. David me embestía más y más deprisa y profundo. Selma me lamía y presionaba mi clítoris con más intensidad.
-¿Por qué sacas tu polla de mi sexo?
-No he sido yo.
Fue la zorra de Selma la que sacó de mi sexo la polla de David, la chupó mientras presionó mi clítoris con sus dedos, chupó mi sexo y volvió a meter la polla de David en mi sexo.
-Me gusta chupar una buena polla y un buen sexo a la vez.
-Selma, eres una zorra –dijimos David y yo a la vez.
Volví a sentir la polla de David muy adentro de mi sexo y la lengua de Selma presionando mi clítoris. No pude más y tuve mi tercer orgasmo.


Vi la polla de David tiesa como el mástil de un velero. Me arrodillé junto a Selma y las dos empezamos a chupar la polla de David.
-Te vamos a dejar sequito –dijimos a los dos.
-¡Sí, sí, sí! –casi gritó David.
Selma y yo casi peleábamos por tener la polla de David en la boca. Una vez fue Selma la que sacó la polla de David de mi boca para chuparla ella, otra vez fui yo la que le saqué la polla de David de su boca para saborearla. David no pudo más y se corrió a chorros. Hubo semen delicioso para las dos. Con mi lengua recogí de los pechos de Selma parte del semen derramado, Selma lo recogió de mis mejillas. Las dos nos besamos con lengua. Fue delicioso.


Mi marido no sabe que le fui infiel el día de nuestra boda. Tampoco sabe que Selma, David y yo somos un trío desde el día de mi boda.

domingo, 3 de julio de 2016

SÓLO SEXO

Sólo quiero sexo. Me llamo Selma. Me inspira Sasha Cane.

Entre los 18 y los 26 años tuve doce novios. Con todos tuve sexo. Me casé con el último de ellos. Le fui fiel tres meses, que se me hicieron muy largos porque una vez que nos casamos tener sexo con él resultaba aburrido. Me decidí a tener un amante, pero unas veces no satisfacían mis deseos sexuales y otras querían que me divorciase para casarnos. A todos los dejaba. Yo quería un amante con el que tener sexo, sexo duro y salvaje, pero sólo sexo. Después de dos años y de más de veinte amantes conseguí el amante que buscaba. Lo encontré en una sex party a la que me invitó mi amiga Samantha.


Intenté llamar la atención de un hombre en el que me había fijado nada más entrar en la fiesta. Además, era evidente que él también estaba buscando pareja. Me hice la encontradiza. Me invitó a una copa.
-Me llamo David. Espero que seas una mujer de verdad y que sólo estés buscando sexo.
-Me llamo Selma. Espero que seas un hombre de verdad y me des sólo sexo, duro y salvaje.
-Cuando quieras, donde quieras.


Subimos a una de las habitaciones. No tardamos en desnudarnos. Mientras nos quitábamos la ropa nos besábamos y tocábamos hasta excitarnos.
-Quiero que me folles con todas tus ganas.
-Te voy a follar como nunca te han follado.
-Estoy casada. Quiero que me folles como follarías a una zorra.
-Te voy a follar como hay que follar a la reina de las zorras. Pero antes te voy a comer enterita.
David me sentó en una silla, me abrió de piernas y empezó a lamer mi sexo. Introdujo su lengua dentro de mi sexo a la vez que empezó a excitar mi clítoris con sus dedos. Luego introdujo uno de sus dedos dentro de mi sexo, levantó mi clítoris y comenzó a lamerlo y presionarlo con la lengua. Mi excitación aumentaba segundo a segundo hasta que fue tan intensa la presión que ejerció sobre mi clítoris que tuve un orgasmo.


David se puso de pie. Vi su polla delante de mí. No me pude contener. Me arrodillé delante de él. Agarré su polla y empecé a masturbarle. Cuando la polla estaba dura como un misil, la levanté y le chupé desde las pelotas hasta la punta de la polla. No paraba de hacerle una paja y de chuparle las pelotas y la polla. Otros se habrían corrido a los dos o tres minutos, pero David aguantaba. Era el amante que estaba buscando.


David me puso de pie frente al espejo, él detrás de mí, metió su polla entre mis piernas y empezó a deslizarla entre mis muslos, pero rozando mi sexo. Me empecé a excitar, empecé a sentirme una zorra.
-Quiero que me folles como follan las zorras, quiero que me folles duro y salvaje si quieres que yo te folle duro y salvaje.
Me revolví, le agarré de la polla y le llevé hasta la cama. Le empujé y cayó boca arriba sobre la cama. Él se movió hasta el centro de la cama. Entonces me puse sobre él en arco de triunfo, agarré su polla y me dejé caer sobre ella, se deslizó dentro de mí sexo. Empecé a cabalgar sobre David en movimientos sinuosos. A veces me inclinaba sobre él para que tocase y lamiese mis pechos y mis pezones. Otras veces me excitaba el clítoris para que él disfrutase de ver cómo se masturbaba una zorra como yo. Quería tener un orgasmo. Para conseguirlo aceleré el ritmo de excitación de mi clítoris hasta que me sentí cerca del orgasmo. Entonces saque de mi sexo la polla de David y con ella presioné mi clítoris. Me desvanecí sobre David.


-Ahora voy a ser yo quien te folle duro y salvaje.
-Fóllame muy duro y muy salvaje.
David me sacó de la cama, me puso de espaldas contra un espejo, agarró su polla y la deslizó dentro de mi sexo. Me veía entre la espada, su polla, y la pared, el espejo. Me embestía con todas sus ganas a la vez que apretaba mis pechos y los lamía.
-Eres la zorra que llevo buscando desde siempre.
-Eres el amante que llevo buscando desde hace años. Fóllame muy duro, fóllame salvaje.
David me llevó hasta la coqueta, me puso de frente al espejo, apoyé mis brazos sobre ella, me abrió de piernas y deslizó su polla dentro de mi sexo. Sus embestidas eran brutales.
-Más, más duro. Fóllame muy duro.
David me hizo sentir su polla muy dentro de mí.
-Eres la zorra perfecta.
-Fóllame hasta el orgasmo.
David aceleró más aún sus embestidas, pero a veces paraba para excitarme el clítoris. Mientras tuve el tercer orgasmo continuó embistiéndome.


-Quiero tu polla.
-Toma mi polla y déjame sequito.
-Sí, sí, sí.
Me arrodillé delante de David, agarré su polla y empecé a hacerle una paja a toda velocidad. A veces paraba para lamerle las pelotas y la polla hasta la puntita.
-Sigue mi zorra.
Me excitaba que me llamase zorra mientras le chupaba las pelotas y la polla. Me metí la polla en la boca y aceleré el ritmo de paja hasta lo imposible. Conseguí que se corriese a chorros. Saqué la polla de la boca y se siguió corriendo sobre mi carita de viciosa. Recogí su semen y me lo llevé a la boca. Delicioso. Me chupé los dedos. Me relamí de gusto.



Sigo casada y David sigue siendo mi amante. Con él sólo hay sexo duro y salvaje, lo que siempre ha buscado, lo único que me satisface, sexo duro y salvaje.