domingo, 1 de enero de 2017

DÍAS DE SEXO

Soy feliz cuando me entrego al sexo. Me llamo Ainhoa. Me inspira Austin Kincaid.

Mi vida nunca fue emocionante. Mi primer y único novio lo tuve con 23 años y con él me casé con 24. Durante cuatro años le fui fiel. Me conformaba con tener sexo una vez a la semana o cada quince días, y casi nunca disfrutaba porque siempre se hacía lo que él quería. En fin, me quería mucho, pero me follaba poco y mal. Mi amiga Cynthia me dijo que saliese con ella aprovechando los viajes de mi marido por culpa del trabajo. Empezamos a salir a discotecas de alterne donde era fácil conocer un a hombre con quien pasar una noche de sexo. En los tres primeros meses estuve con doce hombres. Me gustaba ser infiel a mi marido. Pero yo quería más sexo. Entonces Cynthia me llevó a donde iba ella siempre que podía, era un hot hotel donde disfrutaba del sexo que le apetecía. El primer día estuve con dos hombres; me gustó la doble penetración. Les dije que al día siguiente cada uno viniese a mi habitación con un amigo; me gustó la doble penetración mientras saboreaba dos pollas. Les dije que al día siguiente cada uno viniese a mi habitación con un amigo, pero vinieron con tres, fueron doce; me gustó que muchos me comiesen enterita, que todos me follasen y que todos se corriesen sobre mi cuerpo, unos en mi sexo, otros en mi vientre, otros en mis pechos y la mayoría en mi carita de viciosa. En dos días había follado más que en años de casada.


 Pero el mejor de esos días de sexo fue el último. Un hombre entró en mi habitación.
-Aihnoa, sé que te gusta el sexo.
-¿Quién eres? Me da igual quien seas si me das sexo duro y salvaje.
-Soy David. Y te voy a someter a una sesión de sexo que no olvidarás.


David se acercó a mí. Empezó a besarme el cuello, con la lengua lamió mis labios y abrió mi boca. Nuestras lenguas empezaron a jugar. Cogió mis pechos, los apretó y empezó a lamerlos, también mis pezones.
-Te voy a follar duro y salvaje.
-Fóllame como siempre has querido follar a una zorra.
-Antes te a voy a comer enterita.


David me sentó en el borde de la cama, se arrodilló y abrió mis pernas. Empezó a besarme los muslos, el sexo y el clítoris. Siguió lamiendo mi sexo y mi clítoris. Comencé a excitarme, a gemir, a sentir placer. Sentía la lengua de David muy adentro de mi sexo mientras acariciaba mi clítoris, otras veces sentía la lengua de David presionar mi clítoris mientras deslizaba un dedo dentro de mi sexo. El placer que sentía era intenso y creciente, pero yo quería más.
-Sigue, sigue –dije entre gemidos.
David obedeció. Lamió cada milímetro de mi sexo y de mi clítoris. Volvió a deslizar su dedo corazón dentro de mis sexo, levantó mi clítoris y lo presionó de manera tan intensa que tuve un orgasmo fabuloso. Mientras tenía ese orgasmo sentí la lengua de David dentro de mi sexo.



-¿Quieres más, mi zorra?
-Claro que quiero más. Quiero que me folles duro y salvaje.
David me puso a cuatro patas. Apoyé mis brazos sobre el borde de la cama. Abrió mis piernas, con la polla acarició mis muslos, mi sexo y mi clítoris. Me gustaba, pero…
-¿A qué esperas para follarme? Quiero que me folles.
David cogió su polla dura y la deslizó dentro de mi sexo. Sus embestidas unas veces eran suaves y delicadas, otras profundas y brutales, a veces despacio, a veces deprisa. David me agarraba fuerte por las caderas para que no saliese despedida por culpa de una de sus embestidas. Me gustaba tener la polla de David dentro de mi sexo.
-No pares de follarme. Sigue, sigue.
-Como quieras, mi zorra.
David me embestía cada vez con más ganas, proporcionándome más y más placer… hasta que un segundo orgasmo recorrió mi cuerpo.


-¿Quieres más, mi zorra?
-Sí, quiero que me folles otra vez, muy duro y muy salvaje, como a una zorra insaciable.
David me sentó en la cómoda, abrió mis piernas, que crucé por detrás de él. Con su polla acarició y dio golpecitos en mis muslos, mi sexo y mi clítoris.
-Mi zorra, te voy a meter la polla hasta muy adentro.
Que me llamase zorra me excitaba, que fuese a meter su polla hasta muy adentro me hacía desear que me follase muy duro y muy salvaje.
David deslizó su polla dentro de mi sexo. Empezó a embestirme con todas sus fuerzas. Sí, sentía su polla muy adentro de mi sexo. Entonces paraba y me besaba. Volvía a embestirme, a follarme muy duro y muy salvaje, como si llevase años sin follar y me estuviese usando para satisfacer sus instintos sexuales, cuando en verdad me estaba proporcionando un placer intenso y profundo. De repente, se detuvo sacó la polla de mi sexo y presionó mi clítoris de una manera tan intensa que un tercer orgasmo agitó mi cuerpo. Me tuve que abrazar a David para no caer.


-¿Quieres más, mi zorra?
-Sí, quiero más.
-¿Qué quieres, mi zorra?
-Quiero comerte la polla, quiero vaciarte las pelotas y dejarte sequito.
Me arrodillé delante de David, cogí su polla, la levanté y pasé la lengua desde las pelotas hasta la punta de la polla. Después metí su polla en mi boca y empecé a hacerle una paja a todo ritmo. Quería que se corriese cuanto antes, pero también que me lo pusiese difícil.
-Sigue, mi zorra, sigue. Chupa mi polla como una zorra. Vacíame las pelotas.
Me volví como loca. Aceleré el ritmo de la masturbación a cien, a mil. Más, más, más. ¡Por fin! David se corrió a chorros. Cubrió con su semen mi carita de viciosa, llenó mi boca de su jugo delicioso. Me relamí. Mmmm, qué rico me supo.


Ahí no acabó el día. Por la tarde David vino de nuevo a mi habitación. Fue fantástico: un 69, dos polvos de locura, otra vez su polla en mi boca. Otra vez me hizo sentir muy zorra.


En tres meses he follado con más de 200 hombres. Mi récord personal está en un gangbang con 24 hombres. Mi récord personal con David está en tres sesiones de sexo al día durante tres días. David y yo somos amantes fuera del hot hotel.

sábado, 3 de diciembre de 2016

SOY TU ZORRA

Soy una zorra desde que me casé. Me llamo Catalina. Me inspira Catalina Cruz.

Me casé con 25 años. Hasta entonces era una mujer con una vida sexual muy normal: sólo hacía el amor con mi novio. A los tres meses de casarme empecé a sentir que el matrimonio me asfixiaba. Empecé a sentir la necesidad de tener sexo con otros hombres. Aprovechaba los viajes de mi marido para salir a discotecas hot donde sabía que iba a encontrar hombres dispuestos para follar. Había noches que follaba sólo con uno, pero otras noches tenía sexo con dos, tres y cuatro hombres a la vez. Esas noches eran fantásticas. Durante el primer año en el que fui infiel a mi marido tuve sexo con 20 hombres y después de diez años con más de 250. Diréis que soy una zorra. Tenéis razón. Después de esos diez años me decidí a buscar un hombre que me follase duro y salvaje, al que no le importase que fuese una zorra y sí le excitase. ¡Por fin, le encontré! Es David, tiene 24 años y es mi vecino.


 Una mañana me asomé por la ventana y miré hacia la habitación de mi vecino sin que él me viese. Se estaba masturbando, lo cual me excitó. Me imaginé teniendo sexo con él. Cuando se dio cuenta de que le estaba observando le hice el gesto de la felación y él se corrió.


Por la tarde coincidimos en el ascensor, que detuve de manera intencionada.
-Me gustó ver cómo te masturbas.
-Me masturbo pensando en ti.
-¿Acaso no tienes una novia con la que tener sexo?
-Con mi novia sólo puedo hacer el amor.
-¿Cuál es tu fantasía?
-Me muero por follarte duro. ¿Cuál es tu fantasía?
-Que me folles duro y salvaje.
-Pero estás casada.
-Le soy infiel a mi marido.
-Entonces eres una zorra.
-¿Te importa?
-Me excita.
-Ven a casa. Mi marido está de viaje. Follemos duro y salvaje.


Entramos en casa y empezamos a desnudarnos, acariciarnos, besarnos.
-Catalina, antes de follarte quiero comerte enterita. Me muero de ganas.
-Cómeme.
Me senté en el borde de la cama. David se arrodilló. Comenzó a besarme los muslos, luego el sexo y el clítoris. Con sus dedos abrió mi sexo y deslizó la lengua dentro de él. Mi excitación iba a más con cada pasada de lengua por mi sexo y mi clítoris.
-¿Te gusta? –preguntó David.
-Me vuelve loca.
David pasó su lengua por cada milímetro de mi sexo, de mi clítoris. Yo gemía de placer.
-Sigue, sigue.
David presionó mi clítoris y un orgasmo recorrió mi cuerpo.


-Ahora fóllame duro y salvaje.
-¿Cuánto de duro y salvaje?
-Tan duro y salvajes como seas capaz.
David me puso a cuatro patas. Giré mi cuello para ver cómo iba a deslizar su polla dentro de mi sexo. Cogió su polla, dura como un bate de béisbol y con ella golpeó mis nalgas, mis muslos y mi sexo. Luego con su polla acarició mi sexo. Por fin, deslizó su polla dentro de mi sexo. Comenzó a embestirme, primero despacio y con delicadeza, luego rápido y como le pedí, duro y salvaje. A veces sacaba su polla de mi sexo para acariciarme el sexo y el clítoris con sus manos.
-Me gusta acariciar tu sexo.
-Fóllame duro, fóllame.
David volvió a deslizar su polla dentro de mi sexo. Sus embestidas eran profundas. Nunca sentí una polla tan adentro de mí. Nunca un segundo orgasmo tan intenso.


-Ahora voy a ser yo la que te folle duro y salvaje.
David hizo lo que le pedí, tumbarse en la cama boca arriba. Me acerqué a él gateando. Cuando llegué a su polla, la cogí y empecé a masturbarle y chuparle la polla desde las pelotas hasta la punta. Metí su polla en mi boca. Me gustó. Se la volví a chupar durante un par de minutos. Estaba dura y erecta como un misil. Entonces me coloqué en arco de triunfo sobre él, cogí su polla y descendí sobre ella, deslizándose dentro de mi sexo. Empecé a cabalgar con la polla de David dentro de mí. Mis movimientos eran sinuosos y elásticos, hacia delante y hacia detrás. A veces paraba para excitar mi clítoris con mis dedos o con la polla de David. Luego volvía a deslizar la polla de David dentro de sexo y volvía a cabalgar. Después de unos un par de minutos, y cuando me sentí más excitada que nunca, saqué la polla de David de mi sexo y con ella presioné mi clítoris con tanta intensidad que sentí el orgasmo más fantástico de mi vida.


-Quiero vaciarte las pelotas, dejarte sequito.
David se puso de pie, yo me arrodillé delante de él. Le agarré la polla y la levanté. Le chupé la polla desde las pelotas hasta la punta. Le hice varias pasadas antes de meterme la polla en la  boca y empezar a hacerle una paja a toda velocidad. Quería que se corriese rápido y sin control.
-¡Qué zorra eres, y cuánto me gustas!
-Soy tu zorra.
-Sigue, sigue.
Seguí y en un par de minutos conseguí que David se corriese a chorros. Llenó mi boca de semen, y adornó mi carita de viciosa con su jugo delicioso, que recogí con los dedos de mis manos para llevármelo a la boca. Fue delicioso.


Soy la zorra de David y David es mi amante favorito. Cuando mi marido se va al trabajo o de viaje llamo a David para tener sexo duro y salvaje.

martes, 1 de noviembre de 2016

ZORRA SALVAJE

Soy una zorra salvaje. Me llamo Verónica. Me inspira Veronica Rayne.

Como tantas mujeres me inicié en el sexo con 18 años y con mi primer novio. En cinco años tuve tres novios, sólo tuve sexo con ellos. Todo cambió en el viaje que hice para celebrar que terminé la carrera. Visité todas las discotecas hot de Europa. ¿Con cuántos hombres tuve sexo? Seguro que con más de 100, de uno en uno, o con dos, tres y cuatro a la vez. ¿Con cuántas mujeres tuve sexo? Al principio me resistí, pero primero participé en tríos donde las mujeres éramos dos, y luego sólo con mujeres para excitar a hombres que a continuación nos follaban con todas sus ganas. Me di cuenta de que era una zorra. Entré a trabajar como stripper en una discoteca hot y como hot assistance en un hot hotel. Me sirvió para tener mucho sexo y ganar mucho dinero. Uno de mis jefes se enamoró de mí y nos casamos. Tenía 28 años. Dejé mis trabajos, pero seguí teniendo sexo con otros hombres y mujeres. Mi marido me lo consentía mientras no tuviese amante estable. Tuve sexo con más de 150 hombres y más de 50 mujeres durante los seis años de matrimonio. Cuando mi marido supo que tenía amante estable y era mujer me pidió el divorcio. Pasé otros cuatro años follando siempre que tenía ocasión: tuve sexo con más 100 hombres y 20 mujeres. Disfrutaba montándome gangbangs hasta con doce hombres. Pero fue gracias a Melba, amiga y amante, que conocí a David, un joven de 24 años, del que Melba me hablaba maravillas, de cuánto y lo duro y salvaje que la follaba. Como compartíamos hombres a Melba no le importó que tuviese una sesión de sexo con David.


Quedamos en el bar de un hotel.
-Mi amiga Melba me ha dicho que follas duro y salvaje. Me lo tienes que demostrar.
-Melba me ha dicho que eres una zorra salvaje. Me lo tienes que demostrar.
Nos fuimos a una de las habitaciones. Ya en el ascensor David me puso de espaldas contra la pared y empezó a besarme el cuello, las mejillas y la boca. También me puso las manos en el culo y me acercó todo lo que pudo a su polla, que empezó a restregar en mi sexo.
-Te voy a follar muy duro.
-Te voy a dejar sequito.


Entramos en la habitación y empezamos a desnudarnos.
-Te quiero comer enterita.
-Te quiero dejar sequito.
Fuimos a la cama. David se tumbó boca arriba, yo me dispuse en arco de triunfo sobre su boca, sacó su lengua, descendí y empecé a sentir cómo lamía mi sexo y mi clítoris. Mi excitación crecía y crecía, y cuánto más crecía más ganas tenía de disfrutar de la polla de David, que se manifestaba erecta y dura. Me tendí sobre el cuerpo de David, agarré su polla y la chupé por primera vez. Empecé a hacerle una paja con la polla dentro de mi boca. Cuánto más le chupaba la polla, más me chupaba el sexo y el clítoris. Su polla llenaba mi boca y su lengua mi sexo. Nos pusimos a cien, a mil. Con su lengua presionó mi clítoris con tanta intensidad que tuve un orgasmo fantástico.


-Soy una zorra salvaje, fóllame duro y salvaje.
-Nunca te han follado como yo te voy a follar.
David me puso de pie, me llevó ante el espejo que estaba sobre la coqueta, me apoyé en el mueble, me cerró las piernas y entre ellas deslizó su polla dura.
-¿Qué haces?
-Es como si te estuviese follando.
-Quiero que me folles de verdad.
-Así hago que te sientas una calientapollas.
Empecé a sentir cómo la polla dura de David se deslizaba entre mis muslos, cerca de mi sexo.
-Me está gustando. Sí soy tu calientapollas y tu zorra.
-¿Estás lo bastante caliente como para que te folle duro y salvaje?
-Mi sexo echa humo.


David me dio la vuelta, me sentó sobre la coqueta, me abrió de piernas y deslizó su polla dentro de mi sexo. Sus embestidas eran profundas. Me embestía a varias velocidades. Cuando iba despacio aprovechaba a besarme los labios o los pechos, que apretaba con las manos. Cuando iba deprisa sus embestidas eran salvajes. A veces sacaba su polla de mi sexo para rozar mi clítoris. De nuevo deslizaba su polla dentro de mi sexo. Siempre conseguía que su polla llegase a donde no había llegado ninguna otra. Cuando el ritmo de sus embestidas era tan veloz como un bólido de Fórmula 1 sacó su polla de mi sexo y con ella presionó mi clítoris con tanta intensidad que tuve mi segundo orgasmo.


-Quiero follarte y vaciarte las pelotas.
-Como quieras, mi zorra salvaje.
Que me llamase “zorra salvaje” desató en mí un apetito de sexo duro y salvaje como nunca antes sentí.
-Te voy a follar tan duro y salvaje como tú a mí.
Llevé a David al borde de la cama.
-Túmbate boca arriba. Te voy a cabalgar.
David sonrió y obedeció.
-Fóllame hasta dejarme sequito.
Me puse en arco de triunfo sobre la polla erecta de David. Cogí su polla, descendí sobre ella, la sentí y la deslicé dentro de mi sexo. Comencé a cabalgar, al principio despacio, después fui ganando velocidad. Sentía la polla dura de David muy adentro de mí. Me gustaba. A veces David se incorporaba y yo me inclinaba sobre él para besarnos. Otras veces me excitaba el clítoris con mis dedos o con la polla de David. Cualquier cosa valía para llegar al tercer orgasmo. Cuando tuve mi tercer orgasmo caí desvanecida sobre David, que me cubrió de besos.


-Todavía no me has vaciado las pelotas, zorra salvaje.
-Ahora te las vacío como la zorra salvaje que soy.
David se puso de pie en el centro de la habitación. Yo fui hasta él gateando. Me puse de rodillas delante de él. Le agarré la polla y se la levanté. Le chupé las pelotas y la polla hasta la punta. Me metí la polla en la boca y empecé a hacerle una paja a toda velocidad. A veces paraba para chuparle la polla.
-Sigue hasta el final, mi zorra salvaje.
Que me llamase “mi zorra salvaje” me excitó más aún. Me metí otra vez la polla en la boca y aceleré el ritmo de la paja hasta se corrió a chorros. Me llenó la boca con su jugo delicioso. Saqué de mi boca la polla de David, que me regaló tres chorros más de su semen con los que cubrió mi carita de viciosa. Recogí con los dedos el semen de mis mejillas y me lo llevé a la boca. Me relamí de gusto.


Por fin, a mis 38 años conocí a un hombre que me folla como me hace sentir, como una zorra salvaje. David y yo somos amantes. Disfrutamos de sexo duro y salvaje. Pero cuando más disfrutamos del sexo es cuando hacemos un trío con Melba.

sábado, 1 de octubre de 2016

SEXO DULCE

Me gusta practicar sexo. Me llamo Micaela Mar. Me inspira Mika Tan.

Tardé en iniciarme en el sexo por culpa de mi primer novio, que quería que llegásemos vírgenes al matrimonio. Pero yo no podía aguantar más. En la fiesta de fin de curso de tercero de carrera me decidí a tener sexo con un desconocido con quien fue un verdadero placer iniciarme en el sexo. Luego participé en fiestas sexuales donde pude tener sexo con muchos hombres, de uno en uno o con varios a la vez. Lo que más me gustaba era tener sexo con varios hombres a la vez que obedeciesen mis deseos. Tener a dos, tres o cuatro hombres follándome duro y derramándose sobre mí me hacía sentir muy zorra. Pero si en vez de ser cuatro hombres eran ocho la experiencia era mucho más intensa y satisfactoria. Sin embargo, después de cinco años en los que debí tener sexo con más de 500 hombres empecé a sentir la necesidad de tener un amante exclusivo. Además, de practicar sexo en grupo con otros hombres quería tener un amante con quien practicar sexo en pareja.



Le conocí en un hot hotel. Buscaba lo mismo que yo. Los dos queríamos lo mismo, los dos nos gustamos en cuanto nos vimos. Subimos a mi habitación. Cuando empezamos a desnudarnos me di cuenta que David iba a ser el amante perfecto. Sus besos y caricias eran duces y excitantes. Si me besaba las mejillas, quería que me besase los labios; si me besaba el cuello, quería que me besase los pechos; si me besaba los muslos, quería que me besase el sexo. Sentir su lengua en mis labios, pechos, muslos, sexo y clítoris me excitaba hasta límites inimaginables. Abrió mi sexo y deslizó su lengua hasta tan adentro que aluciné, presionó mi clítoris con su lengua y con tanta intensidad que le pedí que siguiese. Era dulce y obediente. Siguió jugando con su lengua, lamiendo mi sexo, presionando mi clítoris. Sabía lo que hacía y lo que quería conseguir de mí. Tuve un orgasmo y mientras lo tuve siguió lamiendo mi sexo y mi clítoris.


Quería devolver a David el mismo placer que él me dio. Se había tumbado sobre la cama. Me arrodillé delante de él, le agarré la polla y empecé a masturbarle. Su polla empezó a crecer y a ponerse dura. Nunca vi una polla tan irresistible. Me agaché y comencé a lamer y chupar esa polla de la que quería obtener todo el placer que pudiese. A David le lamí las pelotas y la polla hasta la punta una y otra vez. Le pajeaba mientras tenía su polla dentro de boca. Cuando la polla de David era un misil apuntando al cielo dejé de masturbarle para follarle duro. Me coloqué en arco de triunfo sobre su polla, la agarré, descendí y la deslicé despacio dentro de sexo, tan adentro como pude. Empecé a cabalgar, a gemir, a excitar mi clítoris cuando me detenía unos segundos antes de volver a cabalgar. Durante minutos la excitación y placer fueron creciendo hasta que un orgasmo me agitó hasta desvanecerme.


David me tendió sobre la cama boca arriba, me abrió de piernas, con su polla acarició mi sexo y mi clítoris, deslizó su polla dentro de mi sexo y se tendió sobre mí. Mientras me follaba besaba mis pechos, mi cuello, mis labios. Sus embestidas eran profundas e intensas. Crucé mis brazos y piernas por detrás de él para que entendiese que tenía que seguir hasta el final. Lo entendió y sus embestidas fueron más veloces hasta que se detuvo.
-¿Por qué te paras?
David sacó su polla de mi sexo y con ella presionó mi clítoris de una manera tan intensa que tuve mi tercer orgasmo.


-David, quiero tu polla.
-Micaela, mi polla es tuya.
Me arrodillé delante de David, agarré su polla, lamí sus pelotas y su polla hasta la punta, una y otra vez. Me metí la polla de David en la boca y comencé a hacerle una paja a toda velocidad. A veces paraba para chupar la polla de David despacio y con dulzura. Pero de nuevo metía la polla de David en la boca y aceleraba el ritmo de la paja… Hasta que David se derramó llenando mi boca con su jugo delicioso. Saqué la polla de David de mi boca y aún me regalo un par de chorros de su crema blanca que adornaron mis mejillas. Recogí el semen de David y me lo llevé a la boca.
-¡Mmmm, qué rico! –dije.
-Micaela Mar, me gusta. Quiero sexo contigo siempre.
-Yo también quiero sexo contigo siempre.



David es obediente en el sexo y me da el sexo dulce que me gusta. Por eso seguimos siendo amantes. Pero si vamos a pasar un tiempo separados practico sexo con otros hombres.

jueves, 1 de septiembre de 2016

ZORRA POR NATURALEZA

Soy zorra por naturaleza. Me llamo Melba. Me inspira Nikki Sexx.

Entre los 18 y los 20 años fui una chica normal que hacía el amor una vez a la semana con su primer novio. Una amiga me invitó a una sex party. Me dijo que habría hombres mayores que nosotras con mucha experiencia sexual. Fui por curiosidad. En menos de diez minutos ya tenía un hombre con el que tener sexo. Después tuve sexo con otros dos hombres. Me di cuenta de que follar con desconocidos me gustaba más que hacer el amor con mi novio. Participé en más fiestas: unas veces tenía sexo con un hombre, otras con dos, con tres o con cuatro, pero también con chicas. Rompí con mi novio. En cinco años debí tener sexo con más 200 hombres y 30 mujeres. Me casé con 28 años. Antes de casarme le dije al que iba a ser mi marido que le iba a ser infiel. Me dijo que no le importaba, pero no soportó los celos y nos divorciamos un año después. Le fui infiel con 18 hombres y 4 mujeres. Me casé por segunda vez con 30 años. Mi marido viajaba mucho y no perdía ninguna ocasión para tener sexo con otros hombres y mujeres: en los seis años que duró mi matrimonio fui infiel a mi marido con 130 hombres y 22 mujeres. Después de mi segundo divorcio decidí no volverme a casar y tener sexo con personas más jóvenes que yo hasta conseguir un grupo de amantes –hombres y mujeres– que me diesen el sexo que necesito. En un año tuve sexo con 85 hombres y 26 mujeres. Me he quedado con los mejores. El mejor de todos es David.


Vino a vivir a uno de los apartamentos de la comunidad en la que vivo. Me di cuenta de que a veces bajaba a la piscina con una chica, pero no mostraban gestos de cariño. Una de las veces que bajó solo a la piscina me acerqué a él y empezamos a hablar.
-¡Hola! Me llamo Melba.
-¡Hola! Me llamo David.
-Hoy no ha venido tu hermana.
-¿Qué hermana?
-La chica que a veces está contigo.
-No es mi hermana. Es mi novia. Y estoy harto de ella.
-¿Por qué?
-Llevamos seis meses saliendo y aún no hemos hecho el amor.
-¿Qué edad tenéis?
-Yo 24 y ella 22.
-Con vuestros años tenías que estar follando a todas horas.
-Quiero una mujer de verdad con ganas de sexo.
-Esa mujer la tienes a tu lado.
Nos miramos. Nos besamos. Nos acariciamos.
-¿En tu casa o en la mía? –preguntó David.
-En la mía. Ahora mismo.


En el ascensor nos volvimos a abrazar, a besar, a tocarnos. Estaba claro que los dos queríamos sexo duro y salvaje. Llevé a David a mi dormitorio. Le empujé y cayó sobre la cama, le quité el bañador y me arrodillé, le cogí la polla y empecé a masturbarle. Le chupé la polla desde las pelotas hasta la punta.
-Melba, eres fantástica.
-Melba es una zorra que te va a hacer disfrutar del sexo duro y salvaje.


Me metí su polla en mi boca y seguí haciéndole la paja a toda velocidad. Pero decidí parar. Delante de mí la polla de David, dura como un bate de béisbol. Me vino el deseo de hacer un 69 y no pude ni quise contenerme. Me quité el bikini. Me puse sobre David, abrió mi sexo con sus dedos y deslizó su lengua dentro de mi sexo.
-David, cómeme entera.
-Y tú a mí.
Me tendí sobre David, agarré su polla y empecé a chupar con todas mis ganas. Cuanto más chupaba su polla, más chupaba mi sexo. Cuanto más chupaba mi sexo, más chupaba su polla. Así durante minutos hasta que tuve un orgasmo fabuloso. Y mientras tenía el orgasmo David mantuvo su lengua dentro de mi sexo.


-David, te quiero follar duro.
-Fóllame como quieras.
Me puse en arco de triunfo sobre David, agarré su polla y descendí sobre ella. Sentí que se deslizaba dentro de mi sexo. Empecé a cabalgar. Mis movimientos eran sinuosos. A veces paraba y me inclinaba sobre David para que pudiese lamer mis pechos, mis pezones. Otras veces me excitaba el clítoris a la vez que mantenía la polla de David muy adentro de mi sexo. Gemía como una zorra. Me lo estaba pasando en grande y quería que David se lo pasase igual de bien. Cabalgué más y más deprisa con la polla de David dentro de mi sexo. Volví a excitar mi clítoris. Cuando sentí cerca el segundo orgasmo saqué la polla de David de mi sexo y con ella presioné mi clítoris. El segundo orgasmo me agitó Caí sobre David.


-Melba, eres fantástica. Quiero que me vacíes las pelotas.
-Vale. Pero antes me tendrás que follar tan duro como seas capaz.
-Claro que sí. Te follaré muy duro y salvaje. Te follaré como hay que follar a una zorra.
-Me excita que me llamen zorra.
-Y a mí que lo seas.
David me tendió sobre la cama y me abrió de piernas. Él se puso de rodillas entre mis piernas, cogió su polla y la deslizó dentro de mi sexo. Empezó a follarme como folla un hombre de verdad, que siente pasión por la mujer que tiene delante, que quiere disfrutar de ella y hacerla disfrutar del sexo. Adoptamos las posturas que David quiso, a cuatro patas y de nuevo él encima.  En todas buscaba deslizar su polla muy adentro de mí a la vez que yo excitaba mi clítoris.
-Otra vez estoy cerca del orgasmo –dije.
David sacó la polla de mi sexo y con ella presionó mi clítoris. Tuve mi tercer orgasmo. ¡Fantástico!


-Ahora sí te has ganado que te vacíe las pelotas. Te voy a dejar sequito.
Se puso de pie, yo de rodillas delante de él. Le cogí la polla, se la chupé desde las pelotas hasta la punta, me la metí en la boca y empecé a hacerle una paja a cien, a mil, a toda velocidad. Tenía ganas de que se corriese y de lo que hiciese a chorros.
-Sigue, Melba, sigue.
Obedecí hasta conseguir lo que me pidió y yo tanto deseaba. David se corrió dentro de mi boca. Saqué su polla de mi boca. David se siguió corriendo. Cubrió mi carita de zorra con su semen delicioso, que recogí con mis dedos y me llevé la boca.
-Me gusta, me gusta –dije.
-Tenemos que follar todos los días –dijo David.



A mis 38 años he encontrado el hombre y amante que buscaba. David es mi amante favorito. Es el que mejor me folla y el que me hace sentir más zorra.

miércoles, 3 de agosto de 2016

INFIEL EN MI BODA

Fui infiel el día de mi boda. Me llamo Samantha. Me inspira Sammi Tye.

Nunca he sido mujer de un solo hombre. Me inicié en el sexo con 20 años teniendo claro que nunca iba a tener una pareja estable, que quería follarme al mayor número de hombres. Participaba en sex parties, en las que el único objetivo que tenía era pasar un buen rato teniendo sexo con un hombre, con dos, con tres… En una de esas fiestas llegué a estar con ocho a la vez, fue un ganbang fantástico. En esos años locos tuve media docena de parejas abiertas y me follé a más de doscientos tíos. Pero pasaron los años, cumplí 28 y pensé que iba siendo hora de cazar un marido que me diese una vida llena de lujos. Me fijé en un médico de alto nivel profesional. Para conquistarle le daba sexo de calidad y le fui fiel en los seis meses de noviazgo. Sin embargo, me falló el día que nos casamos. Después de darnos el “sí quiero” y firmar ante el juez nosotros y los testigos, llamaron a mi marido de la clínica en la que trabaja para realizar una operación.
-¿No hay más médicos en el hospital? –pregunté a mi marido.
-Es mi paciente. La operación tiene que ser ahora, que han llegado los riñones para hacerle el trasplante.
Mi marido se fue al hospital. ¿Qué podía hacer yo?


Faltaban dos horas para que empezase la cena en el hotel que contratamos para celebrar la boda. Mi coche lo conducía uno de los testigos de boda.
-No quiero estar sola en mi boda.
-Samantha, sería un placer acompañarte –dijo David.
-Un placer sería que hoy un hombre de verdad me diese mucho sexo.
David pisó el acelerador para llegar pronto al hotel. Llegamos los primeros. Fuimos a la habitación que había reservado para pasar la primera noche de casada.
-Te voy a follar tan duro como soy capaz.
-Eso quiero. Pero antes cómeme enterita.
David no perdió un segundo. Me llevó hasta la coqueta para que me apoyase con los brazos en ella. Se arrodilló, me quitó la falda y las braguitas, me abrió de piernas y pasó la lengua por mi sexo. ¡Empezaba la fiesta! Abrió mi sexo con los dedos y deslizó la lengua dentro de mi sexo. Yo empecé a gemir. Mis gemidos subieron de tono cuando empezó a excitar mi clítoris con sus dedos y su lengua. Deslizó un dedo dentro de mi sexo y a moverlo a la vez que lamía mi clítoris y lo presionaba con la lengua. Cada vez más deprisa, cada vez más intenso. El orgasmo me agitó.


-¿Te ha gustado?
-Sí, mucho. Ahora fóllame duro.
David se puso de pie, se desnudó de cintura hacia abajo. Deslizó su polla entre mis muslos y empezó a embestirme.
-¿Qué haces? Mete tu polla en mi sexo.
-Cuando tenga la polla como una barra de acero la sentirás dentro de ti.
Le quité la camisa, él me quitó la chaqueta, la blusa y el wonderbra. Nos besamos, nuestras lenguas jugaron, besó mis pechos, lamió mis pezones. Sentí que su polla ya estaba dura como una barra de acero.
-¿A qué esperas?
David cogió su polla y la deslizó dentro de mi sexo, tan adentro que aluciné. Sus embestidas eran intensas y profundas.
-Sigue, sigue, más, más.
-Te gusta picarme. ¡Qué zorra eres!
-Sí, soy muy zorra.
David me follaba duro y salvaje, como a mí me gusta.
Mis gemidos se debían oír fuera de la habitación, porque mi amiga Selma entró.
-¿Qué haces, zorra? –dijo Selma–. ¿Estás siendo infiel el día de tu boda?
-Sí. Es el día de mi boda y tengo derecho a follar.
-Fóllala duro –dijo Selma, dirigiéndose a David.
David aceleró el ritmo de sus embestidas hasta que paró, sacó la polla de mi sexo y con ella presionó mi clítoris. Tuve mi segundo orgasmo.


-Fóllame otra vez –le pedí a David.
-Sí, fóllala otra vez mientras la como enterita –dijo Selma.
David me puso de frente a la coqueta y a un espejo. Selma se arrodilló entre la coqueta y yo. Sentí cómo David deslizaba su polla dentro de mi sexo y Selma empezaba a lamer mi clítoris. Me gustaba, me estaba volviendo loca de placer. David me embestía más y más deprisa y profundo. Selma me lamía y presionaba mi clítoris con más intensidad.
-¿Por qué sacas tu polla de mi sexo?
-No he sido yo.
Fue la zorra de Selma la que sacó de mi sexo la polla de David, la chupó mientras presionó mi clítoris con sus dedos, chupó mi sexo y volvió a meter la polla de David en mi sexo.
-Me gusta chupar una buena polla y un buen sexo a la vez.
-Selma, eres una zorra –dijimos David y yo a la vez.
Volví a sentir la polla de David muy adentro de mi sexo y la lengua de Selma presionando mi clítoris. No pude más y tuve mi tercer orgasmo.


Vi la polla de David tiesa como el mástil de un velero. Me arrodillé junto a Selma y las dos empezamos a chupar la polla de David.
-Te vamos a dejar sequito –dijimos a los dos.
-¡Sí, sí, sí! –casi gritó David.
Selma y yo casi peleábamos por tener la polla de David en la boca. Una vez fue Selma la que sacó la polla de David de mi boca para chuparla ella, otra vez fui yo la que le saqué la polla de David de su boca para saborearla. David no pudo más y se corrió a chorros. Hubo semen delicioso para las dos. Con mi lengua recogí de los pechos de Selma parte del semen derramado, Selma lo recogió de mis mejillas. Las dos nos besamos con lengua. Fue delicioso.


Mi marido no sabe que le fui infiel el día de nuestra boda. Tampoco sabe que Selma, David y yo somos un trío desde el día de mi boda.