miércoles, 1 de junio de 2016

QUIERO MÁS SEXO

Siempre quiero más sexo. Me llamo Lara. Me inspira Lara Stevens.

Me inicié en el sexo a los 18 años con mi primer novio, pero después de follar siempre me quedaba con ganas de follar más. Cuando entré en la universidad encontré la oportunidad de tener más sexo a través de una asociación libertina en la que sus miembros nos reuníamos para tener sexo. Quedábamos para follar. A veces follaba sólo con un chico, otras veces con dos, o con varios, unas veces formaba un trío con otra chica y un chico, otras sólo con chicas. Al terminar la carrera ya no formabas parte de esa asociación. Desde ese momento busqué tener a mi lado un hombre que me diese mucho sexo. Estuve con docenas de hombres que se esforzaban en follarme duro, pero ninguno me follaba bastante. Cambió mi suerte cuando me llegó un correo electrónico de un chico que decía ser miembro de la misma asociación universitaria de la que yo formé parte. El correo decía: “Sé de ti por una amiga común. Quiero conocerte y tener sexo contigo. No tengo suficiente con ninguna chica de la asociación”. Quedamos en un hotel.


-Por nuestra amiga sé que buscas un hombre que te folle mucho, duro y salvaje.
-Espero que tú seas ese hombre.
-Deja que te lo demuestre.
Subimos a la habitación que habíamos reservado.
-Me gusta que seas muy zorra.
-Demuéstrame de cuánto eres capaz.
David pasó al ataque sin pensárselo dos veces. Me besó el cuello. Nuestras lenguas excitaban nuestros labios, se tocaban, entraban y salían de nuestras bocas. Fue besando cada parte de mi cuerpo que desnudaba: los pechos, que subió, apretó y lamió, también los pezones; el vientre; los muslos; el sexo, que también lamió, igual que el clítoris. Estaba de rodillas delante de mí, yo apoyada en una mesa con las piernas abiertas. Introdujo su lengua dentro de mi sexo, luego un dedo, con el que levantó mi clítoris, que besó, lamió y presionó con la lengua. Así durante el tiempo necesario hasta que tuve un orgasmo. Y mientras tenía el orgasmo David siguió lamiendo mi sexo y mi clítoris.


David se puso de pie.
-Ahora te voy a follar duro y salvaje.
-No te cortes. Fóllame como siempre has querido follar a una zorra.
David me abrió de piernas, cogió su polla con la mano derecha y la deslizó dentro de mi sexo. Comenzó a embestirme con furia, metiéndome la polla hasta donde nadie antes me la había metido. Las embestidas eran brutales. Se detuvo en seco, me cogió y me empotró contra una pared. Volvió a propinarme unas embestidas feroces al mismo tiempo que me besaba el cuello.
-Sí, sí, sí. Tú si sabes follar duro y salvaje.
-¿Te gusta?
-Sí, sí, sí. Fóllame duro y salvaje.
David me llevó a la cama, me tendió en ella y él se tendió sobre mí. Sentí que deslizaba su polla dentro de mí, apoyó sus brazos en la cama y comenzó a embestirme otra vez, pero con más ganas que antes. Yo pasé las piernas por detrás de él.
-Fóllame hasta el orgasmo.
David aceleró el ritmo de sus embestidas y cuando vio que yo estaba a punto, se detuvo, saco la polla de mi sexo y con ella presionó mi clítoris. Tuve un segundo orgasmo.


Yo quería más sexo.
-Ahora voy a ser yo la que te folle.
David se tendió en cama. Me puse en arco de triunfo sobre su polla, que cogí y deslicé dentro de mi sexo. Le estuve cabalgando durante minutos. A veces me tendía hacia delante para que lamiese mis pechos, otras me quedaba en perpendicular sobre él, mirándole a la vez que excitaba mi clítoris.
-Me gusta lo que haces, mi zorra.
Que me llamase “mi zorra” me excitó. Volví a cabalgar a la vez que excitaba mi clítoris. No pasó mucho tiempo hasta que me sentí cerca del orgasmo, saqué la polla de David de mi sexo, la cogí fuerte y con ella presioné mi clítoris tanto como pude. Tuve mi tercer orgasmo.


-Quiero dejarte sequito.
David se puso de pie, yo de rodillas delante de él. Cogí su polla dura. Le chupé la polla, desde las pelotas hasta la punta. Me metí la polla en la boca mientras le masturbaba. Quería que se corriese en mi boca. A veces paraba para observar la polla que tanto me gustaba, que tanto placer me estaba dando. Después de unos minutos David se corrió a chorros en mi boca y en mi carita de zorra viciosa. Recogí el semen de mi cara y me lo llevé a mi boca. ¡Mmmmm, qué rico!

David me da todo el sexo que necesito de una sola vez. Es el hombre que necesitaba y yo soy la zorra que buscaba. Nos damos sexo duro y salvaje. Disfrutamos del sexo.

domingo, 1 de mayo de 2016

LIBRE PARA FOLLAR

Decidí ser libre para follar duro y salvaje. Me llamo Xara. Me inspira Sara Stone.

Me casé con 27 años con mi único novio. De él esperaba más sexo del que me daba. Valoré la posibilidad de ser infiel, pero sólo me decidí a serlo después de dos años de casada y porque mi amiga Zaida me animó a ello. Pero no disfrutaba de mis relaciones extramatrimoniales porque sentía que estar casada me limitaba a la hora de elegir amantes, con los cuales tampoco tenía mucha suerte. Decidí divorciarme a los tres años de casarme. Con 30 años me decidí a vivir de una manera libertina, sólo buscaba sexo, acudía a discotecas de alterne, participaba en sex parties donde formaba parte de tríos, practicaba gangbang, etc. Sexo, sexo, sexo. Después de un par años me marqué el objetivo de tener un grupo de amantes –de cuatro a seis– más o menos estable con los que practicar sexo, a dúo, en trío, en grupo. Cuando llegué a tener mi sexto amante me di cuenta de que ninguno de ellos destacaba sobre los demás. Me marqué el objetivo de encontrar un séptimo amante mejor que ellos.



Lo encontré pasando unos días en un hot hotel. Cuando me canso de mis amantes habituales voy a un hot hotel y tengo sexo con el hombre que me excita con sólo verlo. Allí conocí a David, un chico doce años más joven que yo y con unas ganas locas de follar duro y salvaje.
-Me he fijado en ti. Me pareces irresistible –me dijo.
-Gracias. Yo también quiero follarte –dije.
-Antes quiero comerte enterita.
-Yo te dejaré sequito.


Subimos a mi habitación. Nos besamos los labios, nuestras lenguas empezaron a jugar, nos empezamos a desnudar. Él levantó mis pechos, los besó y lamió. Mi excitación crecía, y la de David también, que me hizo sentir su polla dura. Entonces me agaché, le quité los jeans y el slip. Su polla saltó como un resorte que se ve liberado, la agarré y la lamí desde las pelotas hasta la punta. Empecé a masturbarle a gran velocidad, unas veces con la polla dentro de mi boca, otras a la vez que se la chupaba. Cuando tuvo la polla dura como el mástil de una bandera la metí entre mis pechos y empecé a hacerle una paja cubana. Cuando la polla subía hacia mi boca se la chupaba.
-¡Cómo me gusta! –me dijo.
-Espero que también te guste comerme enterita.


David me tendió en cama boca arriba, me quitó la lencería, me abrió de piernas y empezó saborear mi sexo. Lo lamió despacio, lo que aumentó mi excitación, metió la lengua dentro de mi sexo hasta donde nadie antes lo hizo. Deslizó el dedo corazón de la mano derecha, levantó mi clítoris y empezó a chuparlo y presionarlo con la lengua. Me puso a mil. Tuve un orgasmo con su lengua dentro de mi sexo.


-Te quiero follar –me dijo.
-Antes te voy a follar yo –le dije.
Se tumbó en cama baca arriba. Su polla erecta como un misil era una tentación irresistible. La agarré fuerte y la chupé con todas mis ganas, luego me puse en arco de triunfo sobre ella, la agarré y descendí sobre ella. La deslicé dentro de mi sexo despacio, con suavidad. Quería sentir la polla de mi joven amante dentro de mí. La sentí muy adentro, donde nunca había sentido una polla. Empecé a cabalgar como una amazona que sólo piensa en el sexo, en follar, en sacar lo mejor de un amante que sólo piensa en follar duro a su chica. A veces me tendía sobre David para que lamiese mis pezones, otras veces me echaba hacia atrás para sentir su polla muy adentro a la vez que excitaba mi clítoris. Fue así como conseguí llegar a mi segundo orgasmo.
  

-Te quiero follar, y te voy a follar –me dijo.
-Sí, fóllame duro y salvaje –le ordené.
-Te voy a follar como hay que follar a las que son muy zorras.
-Soy la más zorra.
David me tendió baca arriba en el borde de la cama, me levantó las piernas, me las abrió y deslizó su polla dentro de mi sexo. Empezó a embestirme con todas sus fuerzas. A veces se le salía la polla de mi sexo y volvía a deslizarla dentro de mí, hasta muy adentro. Otras veces colocaba su polla entre mis muslos y la deslizaba entre ellos. Otras veces con su polla presionaba mi clítoris. Una de esas veces la presión fue tan intensa que tuve mi tercer orgasmo.


Era la primera vez que un hombre me provocaba tres orgasmos. Quería agradecérselo a lo grande. Se lo había ganado. Me arrodillé delante de él, le agarré la polla, se la cogí fuerte y empecé a masturbarle. Le chupé las pelotas, la polla hasta la punta, me la metía en la boca mientras aceleraba el ritmo de la paja, la sacaba de mi boca para volver a chupar su polla deliciosa.
-Chupa hasta que me corra a chorros.
Nunca me dieron una orden que tantas ganas tuviese de cumplir. Metí la polla de David en mi boca y le hice una paja a cien revoluciones, a mil revoluciones… hasta que se corrió. Llenó mi boca, saqué su polla de mi boca y siguió corriéndose, adornando mis mejillas con su jugo delicioso, que recogí con mis dedos y me llevé a la boca. Disfruté como la mujer más zorra que se puede imaginar.


Sigo con mi grupo de amantes, pero David es el mejor de todos. Es el que me folla más duro y salvaje.

viernes, 1 de abril de 2016

ME GUSTA SER UNA ZORRA

Me gusta ser una zorra. Me llamo Rosaura. Me inspira Ava Ramon.

Creo que siempre quise ser una zorra. Cuando tenía sexo con mi primer novio me imaginaba teniendo sexo con otros hombres. Y cuando estaba sola en lo único que pensaba era en tener sexo con varios hombres, uno detrás de otro o con todos a la vez. Empecé a participar en fiestas universitarias en las que todos teníamos sexo con todos. Después de la universidad empecé a trabajar en una cadena de discotecas hotsex donde las chicas nos ofrecíamos a los clientes en juegos subiditos de tono. Era un trabajo que me permitía tener mucho sexo con muchos hombres y ganar mucho dinero. Me casé con uno de los jefes, hizo que dejase el trabajo, pero no dejé de tener sexo con otros hombres. Nos divorciamos y volví a mi trabajo, pero por libre. Después de dos años conocí a David, un cliente del que me quedé pilladísima por la manera que tuvo de darme sexo en nuestro primer encuentro. Fue en un hotel only sex.


-Rosaura, me han dicho que te gusta ser una zorra.
-Sí, siempre me ha gustado ser una zorra.
-Quiero que me lo demuestres.
-Será fácil, ser una zorra es mi trabajo y mi estilo de vida.
-Llevo años buscando una mujer lo bastante zorra como para que sea mi pareja.
-¿No te importa que tenga sexo con otros hombres?
-Sólo me importa que conmigo seas la mejor de todas las zorras.

  
Pasé a la acción. Le metí mano en los jeans y empecé a excitarle hasta ponerle la polla tan dura que no le cabía en el silp. Le desnudé de cintura para abajo mientras él se desnudaba el torso. Le agarré la polla y seguí masturbándole a satisfacción mía y de él. Le estaba haciendo una paja a varias velocidades. Con la polla de David en la boca empecé a desnudarme.
-Rosaura, qué zorra eres.
-Muy zorra, ya te lo dije –dije después de soltar la polla de David.
Cogí la polla de David y me la metí entre los pechos y seguí masturbándole.
-¿Sabes qué me está apeteciendo?
-¿Qué?
David me cogió y me llevó a la cama. Él se tendió boca arriba. Entendí lo que quería. Yo me tendí sobre él. Agarré su polla y seguí haciéndole una paja a varias velocidades y chupándole la polla a la vez que él empezó a comerme enterita. ¡Qué manera de chuparme el sexo y el clítoris! Nunca sentí tan adentro una lengua que tanto me excitase, que tanto placer me diese. Nunca sentí que una lengua presionase con tanta intensidad mi clítoris. Me lo estaba pasando en grande. Cuánto más me excitaba David más le excitaba yo a él, tanto que temía que se fuese a correr en cualquier momento, pero no. Antes tuve un orgasmo, y mientras lo estaba teniendo David me sujetó más hacia él con su lengua dentro de mi sexo. Fue fantástico.


-Ahora te voy a follar duro –dijo David.
-Sí, muy duro. Me gusta que follen duro.
David me tendió en cama boca arriba, cogió su polla y la deslizó dentro de mi sexo. Me folló a varias velocidades, unas veces despacio, otras deprisa, pero siempre profundo. Nadie me metió la polla hasta tan adentro. A veces paraba con la polla muy adentro para luego sacarla y presionar mi clítoris. Era fantástico. Era una manera de follarme que me estaba haciendo sentir muy zorra.
-Sigue, sigue follándome. No pares, que soy muy zorra. Soy tu zorra.
Fue escuchar la palabra zorra y David pisó el acelerador. Volvió a deslizar su polla dentro de mi sexo, me folló a toda máquina mientras yo me excitaba el clítoris y cuando vio que yo estaba a punto sacó su polla y presionó mi clítoris tanto que tuve otro orgasmo.


-Ahora seré yo la que te folle duro –dije.
-Como quieras, zorra mía.
David se tendió en cama boca arriba, me puse en arco de triunfo sobre su polla erecta, la cogí fuerte y me dejé caer deslizando su polla dentro de mí. Empecé a cabalgar con su polla muy adentro. Mis movimientos eran elásticos, hacia delante y hacia atrás. Si eran hacia delante le acercaba los pechos a la boca para que los lamiese, me gustaba que pasara la lengua por mis pezones. Si eran hacia atrás me apoyaba en una mano mientras con la otra excitaba mi clítoris para ponerlo a punto.
-¿Sabes lo que voy a hacer ahora?
-No me lo digas y hazlo.
Entonces saqué la polla de David de mi sexo, la agarré fuerte y presioné mi clítoris de una manera tan intensa que tuve otro orgasmo y caí sobre David.


-Me gusta ser una zorra.
-Me gusta que lo seas conmigo.
-¿Sabes que voy a hacer ahora?
-No me lo digas y hazlo.
-Te voy a vaciar las pelotas.
-Déjame sequito, zorra mía.
Agarré la polla de David, le empecé hacer una paja a toda velocidad, cuando sentí que se iba a correr, lamí su polla y me la metí en la boca, le excité a mil y sentí que empezó a correrse a chorros dentro de mi boca. Saqué la polla de mi boca, más chorros de semen adornaron mi carita de zorra y viciosa. Recogí el semen con los dedos, me los llevé a boca y chupé, me relamí. Fue fantástico.


-Me gusta ser una zorra.
-Me gusta que lo seas.
-¿No te importa que lo sea con otros hombres?
-Prefiero que sólo lo seas conmigo.
-Pero me gusta ser una zorra.
-¿Y si lo eres con otras mujeres y sólo conmigo?

Me gustó la idea. Ahora sigo siendo una zorra, pero sólo con David y con otras mujeres. A David y a mí nos gusta que así sea.

martes, 1 de marzo de 2016

SIEMPRE ZORRA

Siempre he sido una zorra. Me llamo Lyla. Me inspira Ava Lauren.

Empecé a ser una zorra a las pocas semanas de empezar a tener relaciones sexuales con mi primer novio. Hasta entonces, por estar enamorada, le era fiel, pero una vez me inicié el sexo, no era capaz de pensar en otra cosa que no fuese follar. Fue durante el verano de mi último año de carrera. Él se quedó en Madrid trabajando, yo me fui quince días a Ibiza y pasó lo que tenía que pasar: fiestas locas, donde todos íbamos a follar. Ni me acuerdo con cuántos hombres tuve sexo. A la vuelta mi novio me pidió matrimonio, nos casamos y nos aguantamos un par de años, hasta que me pilló follando con otro. Un año después me casé con mi segundo marido y a los tres años se repitió la misma historia que con el primero. Dos años después me casé con mi tercer marido. Con él todo es más fácil porque de lunes a jueves viaja a Londres a trabajar en la city. Llevo casada con él ocho años. ¿Con cuántos hombres le he sido infiel? He perdido la cuenta, pero seguro que con más de 150. Me gustaba cambiar de amante. Digo me gustaba porque desde hace cuatro meses tengo un amante estable.


David vino a vivir a mi comunidad hace seis meses. Su dormitorio está frente al mío, pero un piso más abajo. Un día le vi tendido en la cama masturbándose. Me quedé maravillada. Él se dio cuenta, se levantó, vino a la ventana, se me quedó mirando y me hizo una peineta. Yo respondí haciéndole el gesto de la felación y vocalizando “fóllame”. El vocalizó “zorra”. Yo vocalicé “sí, muy zorra”.


Al día siguiente coincidimos en el ascensor.
-¿No tienes bastante con tu marido y tus amantes que te dedicas a mirar cómo me masturbo? –me preguntó David.
-¿No tienes bastante con tu chica que necesitas hacerte una paja todos los días?
-Seguro que te mueres de ganas por tener mi polla dentro de ti.
-Y tú por follarme, ¿verdad?
-Sí. Pero quiero a mi chica.
Me eché a reír.
-Claro. Por eso te matas a pajas.
-Me masturbo porque es una estrecha y me muero de ganas por follarte.
-¿Por qué quieres follarme?
-Porque eres una zorra.
-¿No te importa que sea una zorra y tenga sexo con varios hombres?
-Me gusta que seas muy zorra y me importa follarte duro y salvaje.
El ascensor llegó a su piso, no le dejé salir.
-Te vienes conmigo a mi casa.
David me puso las manos en el culo, me acercó a él, nos besamos con mucha lengua.


Entramos en casa y fuimos directos al dormitorio. Le empujé y cayó sobre la cama sobre boca arriba. Me arrodillé, le desabroché los jeans y se los quité, además del slip. Él se desnudó el torso. Agarré la polla de David, empecé a jugar con ella, a ponérsela dura, a chuparle las pelotas y la polla hasta la punta. Cuando la tuvo bien dura le empecé a hacer una paja cubana.
-¿Te gusta, David?
-Me gusta, me gusta.
Seguí durante unos minutos jugando con la polla de David hasta que paré.
-Ahora tú, querido.
-Como quieras, mi zorra.
-Seré tu zorra si me follas duro y salvaje, pero antes cómeme enterita.
-Como quieras, Lyla.


David me desnudó, me tendió en cama y acarició y besó cada zona de mi cuerpo, cuello, pechos, vientre, muslos, sexo, clítoris.
-Cómeme entera.
David besó y lamió cada milímetro de mi sexo y de mi clítoris. Abrió mi sexo, introdujo su lengua y jugó con ella dentro mi sexo mientras con sus dedos frotaba mi clítoris. Después deslizó uno de sus dedos dentro de mi sexo, levantó mi clítoris y lo lamió y presionó con su lengua. Yo estaba alucinando y quería más.
-Sigue, sigue.
David sacó su dedo de dentro de mi sexo y con su lengua lamió todo mi sexo y mi clítoris, que presionó con tanta intensidad que tuve un orgasmo que alucinante.


-Te quiero follar –dije a David.
David se tendió sobre la cama boca arriba, con su polla erecta como un misil. Me coloqué en arco de triunfo sobre su polla, la agarré fuerte y me dejé caer sobre ella. Sentí que la punta de su polla tocaba mi sexo. Deslicé la polla de David dentro de mi sexo. Empecé a cabalgar con unas ganas locas por tener otro orgasmo.
-Cabalga, zorra, cabalga sin parar.
Que me llamen “zorra” me excita y hace que quiera más sexo. Seguí cabalgando, unas veces despacio, otras deprisa, a veces me tendía sobre David para besarle u ofrecerlo mis pechos para que los besase y lamiese. Luego volvía a cabalgar, y paraba para excitar mi clítoris. Llegó el momento en el que no podía más, saqué la polla de David de mi sexo y con ella presioné mi clítoris. Un orgasmo hizo que cayese sobre David.


-Ahora fóllame tú.
-Te voy a follar duro y salvaje, como hay que follar a una zorra como tú.
-Sí, sí, fóllame como a una zorra.
David me puso a cuatro patas y deslizó su polla dentro de mi sexo. Comenzó a embestirme, unas veces despacio, otras deprisa, a veces sacaba su polla de mi sexo, la colocaba entre mis muslos y la deslizaba como si me estuviese follando, paraba y me daba pollazos en las nalgas, luego deslizaba su polla dentro de mi sexo y volvía a embestirme de una manera salvaje.
-¿Te gusta, mi zorra?
-Me gusta mucho.
-Ahora te va a gustar más.
Entonces sacó su polla de mi sexo, me tendió en la cama boca arriba, él de pie, me acercó al borde de la cama, abrió mis piernas y volvió a deslizar su polla dentro de mi sexo. Me folló duro y salvaje, mientras yo frotaba mi clítoris. Cuando me sentí a punto, le pedí su polla, la sacó de mi sexo y presionó mi clítoris con tanta intensidad que tuve mi tercer orgasmo.


-Quiero tu polla.
-¿Qué vas a hacer con ella, mi zorra?
-Te voy a vaciar las pelotas.
David estaba de pie junto a la cama, yo me puse de rodillas delante de él, le agarré la polla y la empecé a chupar con pasión, me la metí en la boca y le hice una paja a toda velocidad para que se corriese a chorros. Y así fue en un par de minutos. David llenó mi boca con su semen delicioso. Recogí con su polla el semen que se derramó en mis mejillas y me lo llevé a la boca. Fue delicioso.



Tengo 40 años y David 25, pero entre nosotros hay una atracción irresistible que nos hace disfrutar del sexo sin límites. Él es el amante que buscaba, que siempre me folla duro y salvaje. Yo soy su zorra, la zorra que necesitaba, siempre zorra.

martes, 2 de febrero de 2016

ZORRA POR PLACER

Soy una zorra porque soy adicta al placer sexual. Me llamo Regina. Me inspira Regina Rizzi.

Me inicié en el sexo con mi primer novio a los 18 años. Nunca quise serle fiel. La idea de ser fiel a un hombre siempre me pareció aburrida y estúpida. Le fui infiel desde el primer día. Al ir a universidades distintas le era infiel con mis compañeros en fiestas locas. También le era infiel cuando salía a discotecas de alterne. Pero yo siempre quería más sexo y empecé a ir a sex paties en las cuales podía tener sexo con varios hombres uno de detrás de otro o con varios a la vez. En cinco años había follado con más de doscientos hombres. Cuando mis novios se enteraban me dejaban, ¿me importaba? No. A mí sólo me importa follar duro y salvaje. Uno de mis novios me pilló teniendo sexo con cuatro hombres a la vez, mientras dos me follaban duro haciendo de mí un sándwich, otros dos ya se estaban corriendo a chorros en mi carita de viciosa. Como necesitaba de varios hombres para quedar medio satisfecha, mi reto fue encontrar un hombre que me diese todo el sexo que necesito, que es mucho. Lo encontré en un hotel hot para adultos.


David se hospedaba en la habitación de al lado. Coincidimos en una comida. Hubo química entre nosotros.
-Preferiría comerte enterita a comer este postre –dijo David.
-Después de haber vaciado la copa de champán me gustaría vaciarte las pelotas –dije.
Diréis que fui muy directa y muy zorra. Soy así de auténtica. Si un hombre me gusta quiero tener sexo con él.
-¿En tu habitación o en la mía? –preguntó David.
-En la mía.
-No te lo tomes a mal: eres una zorra.
-No me lo tomo a mal. Soy una zorra. Me gusta ser una zorra.
-Me gustas.
-Espero que sepas follar a una zorra como yo.
-Te voy a follar muy duro.
-Sólo si aguantas mis asaltos.


Subimos a la habitación. Nos desnudamos arrancándonos la ropa. Nos besamos. Empezamos a jugar con nuestras lenguas. Entraban y salían de nuestras bocas. David levantó y apretó mis pechos y los besó, saboreó mis pezones. Después de puso sus manos en mi culo, me acercó a él, metió su polla entre mis piernas y empezó a embestirme como si me estuviese follando hasta que su polla se le puso dura. Luego me sentó en el sofá, me senté, se arrodilló y me abrió de piernas.
-Regina, te voy a comer enterita.
-Sí, sí. No te cortes.
David abrió mi sexo, pasó su lengua por él y por mi clítoris, unas veces despacio, otras deprisa, otras introducía su lengua hasta muy adentro, otras presionaba mi clítoris con una intensidad como nunca antes. Me estaba poniendo a cien, a mil.
-Sigue, sigue.
David introdujo uno de sus dedos dentro de mis sexo, levantó mi clítoris y lo presionó de con su lengua de manera tan intensa que tuve un orgasmo fabuloso.


Cuando me recuperé, me puse de pie, le llevé hasta la cama, le empujé, cayó de espaldas, me arrodillé al borde de la cama, agarrar su polla y empecé a masturbarle. Le quería hacer una paja como sólo sabemos hacer las muy zorras, unas veces despacio, otras deprisa, le chupaba las pelotas, la polla desde las pelotas hasta la punta, metía la polla dura en la boca y aceleraba el ritmo de la paja, paraba en seco.
-Me gusta que seas muy zorra.
-Todavía no sabes lo zorra que puedo llegar a ser.
Cuando me llaman zorra me excito, y me excité tanto que seguí masturbándole y chupándole las pelotas hasta que estuvo a punto de correrse. Entonces paré en seco.
-Me gusta tu polla.
-¿Qué vas a hacer con mi polla?
-Metérmela en el sexo hasta muy adentro.
-Cuando quieras, mi zorra.
  

David se tumbó en el centro de la cama, yo me puse sobre él en arco de triunfo sobre su polla erecta, la agarré, y la deslicé dentro de mi sexo. Empecé a cabalgar a toda prisa. Después de un rato paré, saqué la polla y presioné mi sexo, me gustó. Volví a meterme la polla dura de David dentro de mi sexo. Cabalgué como cabalgamos las zorras cuando estamos desatadas, salidas sin control.
-Me gusta que me folles, mi zorra.
-Aguanta, no te corras, que quiero más.
-Me correré cuando me digas.
-¡Fantástico!
Cabalgué más. Luego cogí la polla dura de David, la saqué de mi sexo y con ella presioné mi clítoris de manera tan intensa que tuve otro orgasmo. Me desvanecí sobre David, que me abrazó y besó.


-¿Quieres más, mi zorra?
-Quiero que me folles duro y salvaje.
David me puso a cuatro patas, deslizó su polla dentro de mi sexo y empezó a embestirme con verdadera furia.
-¿Te gusta así, mi zorra?
-Me gusta, me gusta. Sigue, sigue.
David siguió embistiéndome. A veces su polla se salía de mi sexo, pero rápido la volvía a deslizar dentro de mi sexo y a embestirme con más ganas.
-Me gusta follarte, mi zorra.
-Fóllame más. Fóllame duro y salvaje.
David me volvió a embestir mil revoluciones hasta que paró, sacó su polla de mi sexo, me tendió en cama baca arriba y con su polla presionó mi clítoris otra vez. Tuve otro orgasmo.


-¿Quieres más, mi zorra?
-Sí, sí.
-¿Qué quieres?
-Quiero tu polla en mi boca.
David se puso de pie, yo me arrodillé delante de él, le agarré la polla y no paré de masturbarle y chuparle la polla hasta que conseguí que se corriese a chorros. Llenó mi boca y adornó mis mejillas con su semen, que recogí y me llevé a la boca. Delicioso.


Siempre he sido una zorra por placer y sigo con David porque es el único hombre que me folla como hay que follar a una zorra como yo. 

viernes, 1 de enero de 2016

UNA ESPOSA MUY ZORRA

Empecé a ser una zorra de casada. Me llamo Maya. Me inspira Maya Gates.

Me casé con mi único novio a los 26 años. Los dos primeros años fuimos felices. Desde entonces mantener relaciones sexuales con mi marido se convirtió en una rutina muy aburrida; sin embargo, le fui fiel otros dos años. Pero una amiga me abrió los ojos.
-Si quieres disfrutar del sexo tienes que follar duro con tantos hombres como puedas –dijo Regina.
-¿Me estás diciendo que tengo que ser infiel a mi marido? –pregunté.
-Claro que sí. Ser fiel es de estúpidas.
-Es decir, que no eres fiel a tu novio.
-Nunca he sido fiel a ninguno de mis hombres.
-No sabría ser infiel. Seguro que mi marido me descubre.
-Si te descubre le dejas. Serías más libre para follar con quien quisieras.
Empecé a salir con Regina. Me llevaba a sitios alegres donde se celebraran sex parties. Allí conocíamos a hombres con los que tener sexo. Unos me follaban duro, otros me follaban salvaje; a veces follaba con dos o tres, uno detrás de otro; otras veces follaba con dos, tres y cuatro a la vez. Pero ninguno me follaba con verdadera pasión.


Todo cambió cuando conocí a David. Conectamos de inmediato. En cuanto nos vimos sentimos una atracción irresistible. Le invité a casa un día que mi marido estaba de viaje.
-Te voy a follar como ningún hombre te ha follado.
-¿Cómo me vas a follar?
-Con pasión.
-Entonces, ¿no me vas a follar duro y salvaje?
-Te follaré duro y salvaje, pero con mucha pasión.


David comenzó a besar mi cuello, mis labios. Sus besos eran cálidos. Nuestras lenguas se tocaron, se sentían. Comenzó a desnudarme, a acariciar mis pechos, a besarlos. Excitó mis pezones. Mientras con una mano sujetaba uno de mis pechos y lo besaba con la otra comenzó a estimular mi sexo. Yo le metí la mano en los pantalones y comencé a tocarle la polla, que comenzó a crecer. Nos desnudamos. Nos comíamos a besos, excitábamos nuestros sexos. Terminamos en cama en un perfecto 69; perfecto porque cuanto más me lamía el sexo y el clítoris más le chupaba la polla. Sentía su lengua muy dentro de mí. Metí su polla tan adentro de mi boca como pude y empecé a hacerle una paja. A veces paraba él y decía: “Me gusta tu sexo”. A veces paraba yo y decía: “Me gusta tu polla”. David estaba decidido a provocarme un orgasmo y lo consiguió de una manera genial, presionando mi clítoris con su lengua. Mientras tuve el orgasmo sentí la lengua de David dentro de mi sexo.


Llevé a David hasta la coqueta, donde me apoyé. Quería que me follase mientras nos veíamos en un espejo. Me resultaba excitante la idea de vernos reflejados en un espejo mientras follábamos. David se acercó a mí, me abrió de piernas y deslizó su polla dura dentro de mi sexo. Comenzó a embestirme, despacio, deprisa, profundo.
-Sigue, David, sigue. Fóllame duro, fóllame salvaje.
David obedeció. Aceleró el ritmo de sus embestidas, tanto que pensé que se podría correr en cualquier momento, pero no. Lo hacía bien, sabía parar. Paraba para estimular mi clítoris con sus dedos.
-Me encanta follarte. Te tomaría como pareja.
-Estoy casada.
-¿Estás casada?
-¿Te importa?
-Eres una zorra.
-¿Te importa?
-Me encanta. Me gustaría que mi chica fuese tan zorra como tú.
-Puedo ser tu chica si me follas duro y salvaje siempre.
David lo entendió como yo quería. Me sentó en la coqueta, me abrió de piernas y deslizó su polla dentro de mi sexo. Sus embestidas eran profundas, intensas, brutales. Se dio cuenta de que estaba a punto del orgasmo. En ese momento sacó la polla de mi sexo y presionó mi clítoris de una manera tan intensa que un orgasmo agitó mi cuerpo.


-Ahora que sé que estás casada te follaré otra vez, pero antes me pondrás la polla más dura.
-¿Más?
-Como una barra de acero. Te quiero follar una vez más, más duro y salvaje.
-Fóllame como a una zorra.
-Me gusta que seas una zorra.
Le puse la polla tan dura como pude, se la chupé, le hice una paja, pero con cuidado de que no se corriese, y me la metí entre los muslos. Él empezó a deslizarla.
-Eres una zorra maravillosa.
-Y tú el amante que buscaba.
David me tendió sobre la cama, me abrió de piernas, el de rodillas delante de mí, deslizó su polla dentro de mi sexo y empezó a follarme de una manera desaforada. Estaba poseído.
-Me gusta que seas una zorra.
-Y a mí ser tu zorra.
-Me gusta follarte duro.
-Y a mí que me folles muy duro.
David siguió follándome duro, muy duro, hasta que paró en seco, sacó su polla de mi sexo y presionó mi clítoris de una manera tan intensa que un orgasmo agitó todo mi cuerpo.


-Tengo la polla tan dura que me duele.
-Sé cómo quietarte ese dolor.
Me lancé a su polla, la agarré fuerte, empecé a chupársela, a hacerle una paja a cien revoluciones por minuto.
-Me duele más.
Aceleré el ritmo de la paja a mil revoluciones por minuto.
-¡Maya, Maya! Sigue, sigue.
Con la polla dentro de mi boca, aceleré aún más la velocidad de la paja hasta que David ya no pudo más y se corrió a chorros, llenando mi boca de su jugo delicioso. Saqué su polla de mi boca y todavía fue capaz de correrse en mi carita de viciosa. Me relamí de gusto.

Sigo casada porque a David le excita follarme sabiendo que soy una mujer casada, sabiendo que soy la esposa más zorra.

martes, 1 de diciembre de 2015

LENCERÍA Y SEXO

Me gusta sentirme deseada. Me llamo Inés. Me inspira Ines Cudna.

He fracasado con todas mis parejas porque ninguna me deseaba cómo yo quería. Sí, todos los hombres con los que he estado querían tener sexo conmigo, pero sólo pensaban en ellos. Me follaban duro, pero no lo hacían pensando en mí. Eran unos egoístas. Pero yo no me rendí. Seguí buscando a ese hombre que viviese sólo para hacerme sentir la mujer más sexy, la más deseada. David me hace sentir así y mucho más. Es mi hombre.

Nos conocimos en una sex party.
-Ya no sé dónde buscar una mujer de verdad.
-Ni yo un hombre que me haga sentir una dama.
-Quizá seamos almas gemelas.
-Sólo lo sabremos si nos damos una oportunidad.


Nos citamos en casa de David. Me recibió con un regalo que me transmitió buenas sensaciones: un ramo de rosas anaranjadas y una copa de champán. Brindamos por nosotros. Pero había un regalo más en el dormitorio, que estaba salpicado con pétalos de rosa y globos de distintos colores. Sobre la cama había una caja envuelta con un lazo rojo. En ella había un conjunto de lencería.
-Quiero que te lo pongas. Te veré como la diosa que eres.
Me sentí deseada como nunca antes. Comencé a sentirme excitada. Me di cuenta que quería tener sexo sólo con David.


Cuando me vio vestida con el conjunto de lencería me endulzó el oído.
-Eres una mujer bellísima, la más bella que han visto mis ojos.
Nos besamos con dulzura y pasión.
David se dejó desnudar por mí, mientras le acariciaba. Besé su torso y sus abdominales. Acaricié sus genitales, que crecieron. Sólo entonces le quité el slip. Su polla saltó como un resorte golpeando en mi barbilla. Tenía delante de mí una polla grande y dura. La cogí, acaricié, besé, chupé desde las pelotas hasta la punta, una, dos, tres, no sé cuántas veces. David me detuvo.
-Te deseo y quiero demostrártelo –me dijo David.


David comenzó desnudarme y besarme, pero no me desnudó del todo. Sabía apartar la lencería de las zonas más calientes, acariciar esas zonas, besarlas, excitarlas: los pechos, los pezones, los muslos, el sexo.
-¡Qué bonita eres! –dijo mirando mi sexo.
Sentí mi corazón bombeando sangre a mil.
En mi sexo hizo maravillas: lo besó, lamió, deslizó su lengua dentro de mi sexo, luego sus dedos, levantó mi clítoris y lo presionó con su lengua. Así una, dos, tres veces, más veces, perdí la cuenta cuando un orgasmo agitó mi cuerpo.


-Dame sexo –dije.
Nunca fui tan sincera en una petición. Deseaba que me hiciese el amor, que me follase.
David obedeció. Se arrodilló delante de mí, abrió mis piernas, cogió su polla, con ella acarició mi sexo, luego la deslizó dentro de mí. Sentir que su polla entraba despacio dentro de mi sexo hizo que me curvase la columna vertebral hacia delante sacando pecho. Cuando sentí toda la polla de David dentro de mi sexo, me relajé.
-Fóllame mucho y muy duro, por favor.
David me embestía con determinación, unas veces más deprisa, otras más despacio, pero siempre hasta muy adentro, hasta donde nadie había llegado antes. Crucé mis piernas por detrás de David y presioné para que cayese sobre mí. Quería sentirle sobre mi cuerpo. Así fue.
-Eres maravillosa –me dijo al oído.
-Fóllame, fóllame, fóllame hasta el final.
David siguió haciéndome sentir su poderosa polla dentro de mí. A cada embestida suya me sentía más cerca del orgasmo. Llegué al orgasmo cuando sacó la polla de mi sexo y presionó mi clítoris con intensidad.


Yo quería más. Le tumbé sobre la cama y me puse sobre él. Cogí su polla, la deslicé dentro de mi sexo, tan adentro de mí como pude. Le cabalgué. Mis movimientos eran oscilantes, elásticos. A veces paraba para excitar mi clítoris. A veces me inclinaba hacia él para que disfrutase de mis pechos. Cabalgaba, cabalgaba, gemía de placer intenso.
-Eres deliciosa.
Me lo dijo cuando estaba cerca del orgasmo, tan cerca que de manera instintiva saqué de mi sexo la polla de David y con ella presioné mi clítoris tanto como pude. El orgasmo me hizo perder el equilibrio y caí sobre él.


-Quiero más –dije, a la vez que cogía la polla de David.
David se sentó al borde de la cama, yo me arrodillé delante de él. Le cogí la polla, le besé las pelotas, le chupé la polla hasta la punta, me la metí en la boca mientras le hacía una paja a toda prisa, paraba para chupar la polla de nuevo, otra vez me la metía en la boca y le hacía la paja más deprisa aún. Lo conseguí: David se corrió a chorros. Llenó mi boca, adornó mi carita con su jugo delicioso, lo recogí con los dedos y me relamí.
-Eres la diosa del sexo.


Estuvimos una semana entregados al sexo, cada día estrenaba un conjunto de lencería. David y yo somo amantes. Siempre me obsequia con lencería que nos excita y tenemos sexo de 1.000 quilates.