martes, 2 de febrero de 2016

ZORRA POR PLACER

Soy una zorra porque soy adicta al placer sexual. Me llamo Regina. Me inspira Regina Rizzi.

Me inicié en el sexo con mi primer novio a los 18 años. Nunca quise serle fiel. La idea de ser fiel a un hombre siempre me pareció aburrida y estúpida. Le fui infiel desde el primer día. Al ir a universidades distintas le era infiel con mis compañeros en fiestas locas. También le era infiel cuando salía a discotecas de alterne. Pero yo siempre quería más sexo y empecé a ir a sex paties en las cuales podía tener sexo con varios hombres uno de detrás de otro o con varios a la vez. En cinco años había follado con más de doscientos hombres. Cuando mis novios se enteraban me dejaban, ¿me importaba? No. A mí sólo me importa follar duro y salvaje. Uno de mis novios me pilló teniendo sexo con cuatro hombres a la vez, mientras dos me follaban duro haciendo de mí un sándwich, otros dos ya se estaban corriendo a chorros en mi carita de viciosa. Como necesitaba de varios hombres para quedar medio satisfecha, mi reto fue encontrar un hombre que me diese todo el sexo que necesito, que es mucho. Lo encontré en un hotel hot de para adultos.


David se hospedaba en la habitación de al lado. Coincidimos en una comida. Hubo química entre nosotros.
-Preferiría comerte enterita a comer este postre –dijo David.
-Después de haber vaciado la copa de champán me gustaría vaciarte las pelotas –dije.
Diréis que fui muy directa y muy zorra. Soy así de auténtica. Si un hombre me gusta quiero tener sexo con él.
-¿En tu habitación o en la mía? –preguntó David.
-En la mía.
-No te lo tomes a mal: eres una zorra.
-No me lo tomo a mal. Soy una zorra. Me gusta ser una zorra.
-Me gustas.
-Espero que sepas follar a una zorra como yo.
-Te voy a follar muy duro.
-Sólo si aguantas mis asaltos.


Subimos a la habitación. Nos desnudamos arrancándonos la ropa. Nos besamos. Empezamos a jugar con nuestras lenguas. Entraban y salían de nuestras bocas. David levantó y apretó mis pechos y los besó, saboreó mis pezones. Después de puso sus manos en mi culo, me acercó a él, metió su polla entre mis piernas y empezó a embestirme como si me estuviese follando hasta que su polla se le puso dura. Luego me sentó en el sofá, me senté, se arrodilló y me abrió de piernas.
-Regina, te voy a comer enterita.
-Sí, sí. No te cortes.
David abrió mi sexo, pasó su lengua por él y por mi clítoris, unas veces despacio, otras deprisa, otras introducía su lengua hasta muy adentro, otras presionaba mi clítoris con una intensidad como nunca antes. Me estaba poniendo a cien, a mil.
-Sigue, sigue.
David introdujo uno de sus dedos dentro de mis sexo, levantó mi clítoris y lo presionó de con su lengua de manera tan intensa que tuve un orgasmo fabuloso.


Cuando me recuperé, me puse de pie, le llevé hasta la cama, le empujé, cayó de espaldas, me arrodillé al borde de la cama, agarrar su polla y empecé a masturbarle. Le quería hacer una paja como sólo sabemos hacer las muy zorras, unas veces despacio, otras deprisa, le chupaba las pelotas, la polla desde las pelotas hasta la punta, metía la polla dura en la boca y aceleraba el ritmo de la paja, paraba en seco.
-Me gusta que seas muy zorra.
-Todavía no sabes lo zorra que puedo llegar a ser.
Cuando me llaman zorra me excito, y me excité tanto que seguí masturbándole y chupándole las pelotas hasta que estuvo a punto de correrse. Entonces paré en seco.
-Me gusta tu polla.
-¿Qué vas a hacer con mi polla?
-Metérmela en el sexo hasta muy adentro.
-Cuando quieras, mi zorra.
  

David se tumbó en el centro de la cama, yo me puse sobre él en arco de triunfo sobre su polla erecta, la agarré, y la deslicé dentro de mi sexo. Empecé a cabalgar a toda prisa. Después de un rato paré, saqué la polla y presioné mi sexo, me gustó. Volví a meterme la polla dura de David dentro de mi sexo. Cabalgué como cabalgamos las zorras cuando estamos desatadas, salidas sin control.
-Me gusta que me folles, mi zorra.
-Aguanta, no te corras, que quiero más.
-Me correré cuando me digas.
-¡Fantástico!
Cabalgué más. Luego cogí la polla dura de David, la saqué de mi sexo y con ella presioné mi clítoris de manera tan intensa que tuve otro orgasmo. Me desvanecí sobre David, que me abrazó y besó.


-¿Quieres más, mi zorra?
-Quiero que me folles duro y salvaje.
David me puso a cuatro patas, deslizó su polla dentro de mi sexo y empezó a embestirme con verdadera furia.
-¿Te gusta así, mi zorra?
-Me gusta, me gusta. Sigue, sigue.
David siguió embistiéndome. A veces su polla se salía de mi sexo, pero rápido la volvía a deslizar dentro de mi sexo y a embestirme con más ganas.
-Me gusta follarte, mi zorra.
-Fóllame más. Fóllame duro y salvaje.
David me volvió a embestir mil revoluciones hasta que paró, sacó su polla de mi sexo, me tendió en cama baca arriba y con su polla presionó mi clítoris otra vez. Tuve otro orgasmo.


-¿Quieres más, mi zorra?
-Sí, sí.
-¿Qué quieres?
-Quiero tu polla en mi boca.
David se puso de pie, yo me arrodillé delante de él, le agarré la polla y no paré de masturbarle y chuparle la polla hasta que conseguí que se corriese a chorros. Llenó mi boca y adornó mis mejillas con su semen, que recogí y me llevé a la boca. Delicioso.


Siempre he sido una zorra por placer y sigo con David porque es el único hombre que me folla como hay que follar a una zorra como yo. 

viernes, 1 de enero de 2016

UNA ESPOSA MUY ZORRA

Empecé a ser una zorra de casada. Me llamo Maya. Me inspira Maya Gates.

Me casé con mi único novio a los 26 años. Los dos primeros años fuimos felices. Desde entonces mantener relaciones sexuales con mi marido se convirtió en una rutina muy aburrida; sin embargo, le fui fiel otros dos años. Pero una amiga me abrió los ojos.
-Si quieres disfrutar del sexo tienes que follar duro con tantos hombres como puedas –dijo Regina.
-¿Me estás diciendo que tengo que ser infiel a mi marido? –pregunté.
-Claro que sí. Ser fiel es de estúpidas.
-Es decir, que no eres fiel a tu novio.
-Nunca he sido fiel a ninguno de mis hombres.
-No sabría ser infiel. Seguro que mi marido me descubre.
-Si te descubre le dejas. Serías más libre para follar con quien quisieras.
Empecé a salir con Regina. Me llevaba a sitios alegres donde se celebraran sex parties. Allí conocíamos a hombres con los que tener sexo. Unos me follaban duro, otros me follaban salvaje; a veces follaba con dos o tres, uno detrás de otro; otras veces follaba con dos, tres y cuatro a la vez. Pero ninguno me follaba con verdadera pasión.


Todo cambió cuando conocí a David. Conectamos de inmediato. En cuanto nos vimos sentimos una atracción irresistible. Le invité a casa un día que mi marido estaba de viaje.
-Te voy a follar como ningún hombre te ha follado.
-¿Cómo me vas a follar?
-Con pasión.
-Entonces, ¿no me vas a follar duro y salvaje?
-Te follaré duro y salvaje, pero con mucha pasión.


David comenzó a besar mi cuello, mis labios. Sus besos eran cálidos. Nuestras lenguas se tocaron, se sentían. Comenzó a desnudarme, a acariciar mis pechos, a besarlos. Excitó mis pezones. Mientras con una mano sujetaba uno de mis pechos y lo besaba con la otra comenzó a estimular mi sexo. Yo le metí la mano en los pantalones y comencé a tocarle la polla, que comenzó a crecer. Nos desnudamos. Nos comíamos a besos, excitábamos nuestros sexos. Terminamos en cama en un perfecto 69; perfecto porque cuanto más me lamía el sexo y el clítoris más le chupaba la polla. Sentía su lengua muy dentro de mí. Metí su polla tan adentro de mi boca como pude y empecé a hacerle una paja. A veces paraba él y decía: “Me gusta tu sexo”. A veces paraba yo y decía: “Me gusta tu polla”. David estaba decidido a provocarme un orgasmo y lo consiguió de una manera genial, presionando mi clítoris con su lengua. Mientras tuve el orgasmo sentí la lengua de David dentro de mi sexo.


Llevé a David hasta la coqueta, donde me apoyé. Quería que me follase mientras nos veíamos en un espejo. Me resultaba excitante la idea de vernos reflejados en un espejo mientras follábamos. David se acercó a mí, me abrió de piernas y deslizó su polla dura dentro de mi sexo. Comenzó a embestirme, despacio, deprisa, profundo.
-Sigue, David, sigue. Fóllame duro, fóllame salvaje.
David obedeció. Aceleró el ritmo de sus embestidas, tanto que pensé que se podría correr en cualquier momento, pero no. Lo hacía bien, sabía parar. Paraba para estimular mi clítoris con sus dedos.
-Me encanta follarte. Te tomaría como pareja.
-Estoy casada.
-¿Estás casada?
-¿Te importa?
-Eres una zorra.
-¿Te importa?
-Me encanta. Me gustaría que mi chica fuese tan zorra como tú.
-Puedo ser tu chica si me follas duro y salvaje siempre.
David lo entendió como yo quería. Me sentó en la coqueta, me abrió de piernas y deslizó su polla dentro de mi sexo. Sus embestidas eran profundas, intensas, brutales. Se dio cuenta de que estaba a punto del orgasmo. En ese momento sacó la polla de mi sexo y presionó mi clítoris de una manera tan intensa que un orgasmo agitó mi cuerpo.


-Ahora que sé que estás casada te follaré otra vez, pero antes me pondrás la polla más dura.
-¿Más?
-Como una barra de acero. Te quiero follar una vez más, más duro y salvaje.
-Fóllame como a una zorra.
-Me gusta que seas una zorra.
Le puse la polla tan dura como pude, se la chupé, le hice una paja, pero con cuidado de que no se corriese, y me la metí entre los muslos. Él empezó a deslizarla.
-Eres una zorra maravillosa.
-Y tú el amante que buscaba.
David me tendió sobre la cama, me abrió de piernas, el de rodillas delante de mí, deslizó su polla dentro de mi sexo y empezó a follarme de una manera desaforada. Estaba poseído.
-Me gusta que seas una zorra.
-Y a mí ser tu zorra.
-Me gusta follarte duro.
-Y a mí que me folles muy duro.
David siguió follándome duro, muy duro, hasta que paró en seco, sacó su polla de mi sexo y presionó mi clítoris de una manera tan intensa que un orgasmo agitó todo mi cuerpo.


-Tengo la polla tan dura que me duele.
-Sé cómo quietarte ese dolor.
Me lancé a su polla, la agarré fuerte, empecé a chupársela, a hacerle una paja a cien revoluciones por minuto.
-Me duele más.
Aceleré el ritmo de la paja a mil revoluciones por minuto.
-¡Maya, Maya! Sigue, sigue.
Con la polla dentro de mi boca, aceleré aún más la velocidad de la paja hasta que David ya no pudo más y se corrió a chorros, llenando mi boca de su jugo delicioso. Saqué su polla de mi boca y todavía fue capaz de correrse en mi carita de viciosa. Me relamí de gusto.

Sigo casada porque a David le excita follarme sabiendo que soy una mujer casada, sabiendo que soy la esposa más zorra.

martes, 1 de diciembre de 2015

LENCERÍA Y SEXO

Me gusta sentirme deseada. Me llamo Inés. Me inspira Ines Cudna.

He fracasado con todas mis parejas porque ninguna me deseaba cómo yo quería. Sí, todos los hombres con los que he estado querían tener sexo conmigo, pero sólo pensaban en ellos. Me follaban duro, pero no lo hacían pensando en mí. Eran unos egoístas. Pero yo no me rendí. Seguí buscando a ese hombre que viviese sólo para hacerme sentir la mujer más sexy, la más deseada. David me hace sentir así y mucho más. Es mi hombre.

Nos conocimos en una sex party.
-Ya no sé dónde buscar una mujer de verdad.
-Ni yo un hombre que me haga sentir una dama.
-Quizá seamos almas gemelas.
-Sólo lo sabremos si nos damos una oportunidad.


Nos citamos en casa de David. Me recibió con un regalo que me transmitió buenas sensaciones: un ramo de rosas anaranjadas y una copa de champán. Brindamos por nosotros. Pero había un regalo más en el dormitorio, que estaba salpicado con pétalos de rosa y globos de distintos colores. Sobre la cama había una caja envuelta con un lazo rojo. En ella había un conjunto de lencería.
-Quiero que te lo pongas. Te veré como la diosa que eres.
Me sentí deseada como nunca antes. Comencé a sentirme excitada. Me di cuenta que quería tener sexo sólo con David.


Cuando me vio vestida con el conjunto de lencería me endulzó el oído.
-Eres una mujer bellísima, la más bella que han visto mis ojos.
Nos besamos con dulzura y pasión.
David se dejó desnudar por mí, mientras le acariciaba. Besé su torso y sus abdominales. Acaricié sus genitales, que crecieron. Sólo entonces le quité el slip. Su polla saltó como un resorte golpeando en mi barbilla. Tenía delante de mí una polla grande y dura. La cogí, acaricié, besé, chupé desde las pelotas hasta la punta, una, dos, tres, no sé cuántas veces. David me detuvo.
-Te deseo y quiero demostrártelo –me dijo David.


David comenzó desnudarme y besarme, pero no me desnudó del todo. Sabía apartar la lencería de las zonas más calientes, acariciar esas zonas, besarlas, excitarlas: los pechos, los pezones, los muslos, el sexo.
-¡Qué bonita eres! –dijo mirando mi sexo.
Sentí mi corazón bombeando sangre a mil.
En mi sexo hizo maravillas: lo besó, lamió, deslizó su lengua dentro de mi sexo, luego sus dedos, levantó mi clítoris y lo presionó con su lengua. Así una, dos, tres veces, más veces, perdí la cuenta cuando un orgasmo agitó mi cuerpo.


-Dame sexo –dije.
Nunca fui tan sincera en una petición. Deseaba que me hiciese el amor, que me follase.
David obedeció. Se arrodilló delante de mí, abrió mis piernas, cogió su polla, con ella acarició mi sexo, luego la deslizó dentro de mí. Sentir que su polla entraba despacio dentro de mi sexo hizo que me curvase la columna vertebral hacia delante sacando pecho. Cuando sentí toda la polla de David dentro de mi sexo, me relajé.
-Fóllame mucho y muy duro, por favor.
David me embestía con determinación, unas veces más deprisa, otras más despacio, pero siempre hasta muy adentro, hasta donde nadie había llegado antes. Crucé mis piernas por detrás de David y presioné para que cayese sobre mí. Quería sentirle sobre mi cuerpo. Así fue.
-Eres maravillosa –me dijo al oído.
-Fóllame, fóllame, fóllame hasta el final.
David siguió haciéndome sentir su poderosa polla dentro de mí. A cada embestida suya me sentía más cerca del orgasmo. Llegué al orgasmo cuando sacó la polla de mi sexo y presionó mi clítoris con intensidad.


Yo quería más. Le tumbé sobre la cama y me puse sobre él. Cogí su polla, la deslicé dentro de mi sexo, tan adentro de mí como pude. Le cabalgué. Mis movimientos eran oscilantes, elásticos. A veces paraba para excitar mi clítoris. A veces me inclinaba hacia él para que disfrutase de mis pechos. Cabalgaba, cabalgaba, gemía de placer intenso.
-Eres deliciosa.
Me lo dijo cuando estaba cerca del orgasmo, tan cerca que de manera instintiva saqué de mi sexo la polla de David y con ella presioné mi clítoris tanto como pude. El orgasmo me hizo perder el equilibrio y caí sobre él.


-Quiero más –dije, a la vez que cogía la polla de David.
David se sentó al borde de la cama, yo me arrodillé delante de él. Le cogí la polla, le besé las pelotas, le chupé la polla hasta la punta, me la metí en la boca mientras le hacía una paja a toda prisa, paraba para chupar la polla de nuevo, otra vez me la metía en la boca y le hacía la paja más deprisa aún. Lo conseguí: David se corrió a chorros. Llenó mi boca, adornó mi carita con su jugo delicioso, lo recogí con los dedos y me relamí.
-Eres la diosa del sexo.


Estuvimos una semana entregados al sexo, cada día estrenaba un conjunto de lencería. David y yo somo amantes. Siempre me obsequia con lencería que nos excita y tenemos sexo de 1.000 quilates.

domingo, 1 de noviembre de 2015

AMANTES POR PLACER

Siempre he querido tener un amante que me diese placer. Me llamo Malena. Me inspira Malene Espensen.

Soy juez, una profesión que provoca mucho estrés. Siempre intenté descargarme de estrés practicando sexo; sin embargo, primero con un par de novios que tuve y luego con mi marido no lo conseguía. No me daban el sexo que necesitaba, ni en cantidad ni calidad. No me quedaba más opción que buscar amantes a los que les gustase tener sexo como a mí gusta, es decir, duro y salvaje y que el hombre sea obediente a mis deseos. Estuve con muchos hombres, veinte, treinta, quizá más, perdí la cuenta. No encontré ese hombre hasta que conocí a David, también juez, que se incorporó al juzgado vecino hace seis meses, los mismos que llevamos siendo amantes. De inmediato conectamos. Nos dimos cuenta de que había química entre nosotros. Nos íbamos de copas después del trabajo. Un día le invité a mi casa.
-Quiero que me des sexo.
Entonces reparó en una fotografía que había en el mueble del salón.
-¿Estás casada?
-Sí. ¿Acaso te importa?
-Hace que te desee más.
-Me vas a demostrar cuánto me deseas obedeciéndome en mis peticiones de sexo.
-A su servicio, señoría.
-Tengo muchas ganas de sexo.


Desnudé a David. Quería sentir su masculinidad. Agarré su polla y empecé a masturbarle sin cortarme un pelo: una paja de verdad, le chupé las pelotas y la polla de abajo a arriba, hasta la punta. Le puse la polla dura como una barra de acero.
-Estoy muy caliente.
David me desgarró la ropa, apretó mis pechos y los lamió, igual que mis pezones. Después se arrodilló, me quitó las bragas, me abrió de piernas y besó mis muslos, mi sexo, mi clítoris. Pasó su lengua por mi cuerpo desde mi sexo hasta mi boca. Mientras metió su lengua en mi boca metió un dedo en mi sexo.
-Me estás poniendo a cien –dije.
-Te voy a poner a mil.
Se tendió en la cama boca arriba. Entendí lo que quería. Nos acoplamos en un 69, que fue delicioso. Cuanto más devoraba mi sexo y mi clítoris más devoraba su polla. La sincronización era perfecta. Tener su lengua dentro de mi sexo y su polla dentro mi boca me ponía a mil. Me gustaba masturbarle, me gustaba que me comiese entera. Hice que se diese cuenta. Me lo agradeció presionando mi clítoris con su lengua y provocándome un orgasmo delicioso.


Caí sobre la cama boca arriba. David volvió a pasar su lengua desde mi sexo a mi boca.
-¿Qué quieres ahora? Te obedeceré –me dijo, mirándome a los ojos.
-Túmbate boca arriba –le dije–. Te voy a cabalgar.
David obedeció. Me puse de rodillas en arco de triunfo sobre él, agarré su polla, dura como un misil, y la deslicé dentro de mi sexo, hasta muy adentro. Empecé a cabalgar despacio, con movimientos sinuosos, después más deprisa. A veces me echaba hacia él para que disfrutase de mis pechos, otras veces me echaba hacia atrás intentando que la penetración fuese profunda. Cabalgaba y cabalgaba.
-¡Me gusta ser una zorra!
-Y a mí que lo seas.
Aceleré la cabalgada, tanto que me sentí a punto del orgasmo. Entonces me detuve, agarré la polla de David, la saqué de dentro de mi sexo y presioné mi clítoris con fuerza. Tuve un orgasmo que hizo que cayese sobre David.


-Quiero más –dije.
-¿Qué más quieres?
-Que me folles muy duro.
David me puso a cuatro patas, me abrió de piernas y deslizó su polla dentro de mi sexo.
-Sí, sí. Fóllame como a una zorra.
-Así te voy a follar.
David empezó a embestirme con todas sus fuerzas, unas veces despacio, otras deprisa, unas veces sacaba su polla para darme con ella en mis nalgas, otras veces la colocaba entre mis muslos y hacía como si me estuviese follando. De nuevo deslizaba su polla dentro de mi sexo.
-¿Así es como quieres que te folle, verdad, Malena, zorra?
-Sí, sí, sí. Fóllame así, fóllame muy duro, fóllame como a una zorra. Soy una zorra, fóllame muy duro.


Entonces, David me tendió en cama boca arriba, se puso de pie al borde de la cama, me llevó hacia él, me abrió de piernas y deslizó su polla dentro de mi sexo. Me folló como un animal sin control, sus embestidas eran brutales. Yo estaba a punto del orgasmo, él se dio cuenta, sacó su polla de mi sexo, la cogió y presionó mi clítoris con tanta intensidad que tuve mi tercer orgasmo.


-¿Quieres más, Malena?
-Sí. Quiero tu polla.
-Es tuya.
David estaba de pie ante la cama. Me dejé caer de rodillas entre la cama y él. Agarré su polla, de nuevo empecé a chuparle las pelotas, la polla, a hacerle una paja que nunca olvidaría.
-Sigue, Malena, sigue.
-¿Te gusta, verdad?
-Sí, sí, me gusta.
-¿Qué soy?
-Eres una zorra, muy zorra.
-¿Te gusto?
-Me gustas.
-¿Vas a ser mi amante?
-Sí, sí, sí.
Metí su polla en mi boca y aceleré el ritmo de la paja que le estaba haciendo, tanto que no pudo más y se corrió a chorros. Llenó mi boca de su semen delicioso, saqué su polla de mi boca y siguió corriéndose, cubriendo mi cara con su jugo maravilloso.


Tengo 32 años, sigo casada y David sigue siendo mi amante. Nos une el placer de ser amantes y de darnos todo el sexo que necesitamos, duro y salvaje.

jueves, 1 de octubre de 2015

FÓLLAME MUY DURO

Antes me hizo el amor, ahora me folla duro. Me llamo Olivia. Me inspira Olivia O’Lovely.

En mi último año de instituto me enamoré de David, mi profesor de Historia. Con él me inicié en el sexo. Él me hacía el amor con delicadeza y dulzura, pensando sólo en hacerme feliz. Pero la vida me llevó a medio mundo, estudié la carrera en Francia, el postgrado en Reino Unido, trabajé en EE.UU. Durante esos años tuve varios novios, pero ni me hacían el amor ni me follaban duro, me aburría teniendo sexo con ellos. Me casé con 25 años, pero con mi marido más de lo mismo. En un viaje a España coincidí con David en el avión. ¡Qué alegría! Recordamos el pasado y hablamos de nosotros.
-Siento que no hayas sido feliz en tus relaciones –dijo David.
-Siempre supiste hacerme el amor –dije cogiéndole una mano y mirándole a los ojos.
Nos besamos. Comprobamos que seguía habiendo química entre nosotros.
-Antes me hacías feliz haciéndome el amor. Ahora quiero que me hagas feliz follándome duro.
-Tus deseos siempre han sido órdenes para mí.
Nos volvimos a besar.


Nos hospedamos en la misma habitación del hotel donde hicimos el amor por primera vez. Empezamos a besarnos y tocarnos. David me acarició la espalda, el culo, metió las manos entre mis piernas y me acercó a él, me hizo sentir su masculinidad. Entonces nos empezamos a desnudar, a besarnos, yo su torso varonil, él mis pechos, los pezones empezaron a excitarse hasta que se parecieron a dos balas. No resistí más el deseo de saborearle, me arrodillé delante de él, le bajé los pantalones, los slips y su polla saltó como un resorte golpeándome en la barbilla. Agarré la polla de David, comencé a masturbarle, a chuparle las pelotas y toda la polla hasta la punta, me metí la polla en la boca. Fui feliz. Le puse la polla dura como un bate de béisbol y las pelotas a punto de reventar.


David me puso de pie. Me llevó hasta un tresillo, donde me senté. Él se arrodilló y comenzó a besarme los muslos.
-¡Qué bonita eres! –dijo mirando mi sexo.
-Soy tuya –le dije.
David pasó su lengua por todo mi sexo hasta mi clítoris. Comenzó a lamerme, a comerme, a devorarme. Metió la lengua tan adentro de mi sexo como fue capaz mientras presionaba mi clítoris con sus dedos. Luego deslizó uno de sus dedos dentro de mi sexo, levantó mi clítoris y lo presionó con su lengua. Después de varios minutos jugando con mi sexo y con mi clítoris tuve un orgasmo intenso. Mientras tuve ese orgasmo David saboreó mi sexo.


David se sentó a mi lado. Agarré su polla y empecé a masturbarle. Cuando sentí su polla dura como un misil me puse de pie delante de él, me abrí de piernas, descendí sobre su polla, la cogí y la deslicé dentro de mi sexo. Sentir la polla de David dentro de mi sexo me hacía feliz. Comencé a cabalgar, a moverme de manera sinuosa para sentir su polla muy adentro. Él me sujetaba de la cintura. A veces paraba para sentir la polla quieta muy adentro de mí mientras nos besábamos. Decidí sentarme sobre él dándole la espalda para que él empujase la polla muy adentro de mí mientras yo me excitaba el clítoris. Cuando me sentí cerca del orgasmo volví a la postura inicial, agarré la polla de David y con ella presioné mi clítoris hasta que me desvanecí sobre él.


-Para follarte duro te tengo que follar como a una zorra –dijo David, mirándome a los ojos.
-Fóllame como quieras –le dije. Le besé con lengua y le cogí la polla.
David me llevó hasta la coqueta. Puse las manos sobre ella, me abrió de piernas y sentí como deslizaba su polla dentro de mi sexo. Sus embestidas eran intensas y profundas. Verme reflejada en el espejo mientras David me follaba me excitaba más y más. ¿Qué pensaría mi marido si me estuviese viendo? Que soy una zorra. Sentirme una zorra me hacía sentir muy mujer. Ver que David me estaba follando con todas sus ganas me ponía a mil, me hizo perder el control.
-David, fóllame duro hasta el orgasmo.
David aceleró sus embestidas.
-Más, más duro, fóllame muy duro.
David obedeció. Sus embestidos fueron tan brutales, que me pusieron al borde del orgasmo. Él se dio cuenta, sacó su polla de mi sexo, me puso de frente a él y presionó mi clítoris con su polla. Tuve un orgasmo fabuloso.


-Quiero terminar como empecé: comiéndote la polla hasta que te corras a chorros.
-Olivia, soy todo tuyo, para lo que quieras.
Me arrodillé delante de él, agarré su polla, esa polla poderosa que me arrancó unos orgasmos deliciosos, que me hizo sentir muy mujer porque me hizo sentir muy zorra. Tener delante de mí la polla de David desató mis instintos. Empecé a hacerle una paja a lo grande, le chupé las pelotas, le chupe la polla desde abajo hasta la punta, me la metí en la boca y aceleré el ritmo de la paja hasta… ¡fue maravilloso! David se corrió a chorros dentro de mi boca, luego saqué su polla de mi boca y David siguió corriéndose cubriendo mi carita con su semen, que recogí y llevé a la boca.


Me separé de mi marido para vivir con David, él único hombre que me sabe hacer el amor y follar duro.

martes, 1 de septiembre de 2015

SOY LA MÁS ZORRA

Me gusta ser una zorra. Me llamo Azahara. Me inspira Evie Delatosso.

Siempre he querido disfrutar del sexo y para ello no hay que ponerse límites. ¿Con cuántos hombres he tenido sexo? Perdí la cuenta hace tiempo, cuando pasé de los cien antes de cumplir 25 años. Los veranos eran de locura, me apuntaba a todas las fiestas donde sabía iba a haber sexo. A veces follaba sólo con un tío, otras con dos o tres uno de tras de otro y otras veces con tres o cuatro a la vez. Cuanto más sexo, mejor.

En una de esas fiestas conocí al hombre que más duro y salvaje me había follado hasta ese momento. Era un desconocido y siguió siéndolo porque no nos dijimos nuestros nombres. No nos volvimos a ver hasta que años después coincidimos en el mismo trabajo. Nos  reconocimos y cuando salimos del trabajo alquilamos la habitación de un hotel. Fue un fin de semana de mucho sexo. Pero la gran sesión de sexo fue este verano.


Nos desnudamos con hambre de sexo. David comenzó a excitar mi sexo y mi clítoris con caricias a la vez que nos comíamos a besos.
-Azahara, quiero comerte enterita.
-Sí, sí, cómeme.
Me llevó a la cama, me senté en el borde, me abrí de piernas y comencé a gozar como la zorra que soy. Sentir sus dedos entrando y saliendo de mi sexo me excitaba, sentir su lengua entrando y saliendo de mi sexo me excitaba aún más, que saborease mi clítoris me ponía a mil. Sabía lo que hacía, lo hacía unas veces despacio, otras a toda prisa. Pasaba su lengua por cada milímetro de mi sexo y de mi clítoris. Deslizó su dedo corazón en mi sexo, elevó mi clítoris y lo presionó con su lengua. Tuve un orgasmo maravilloso, y mientras lo tenía David seguía saboreando mi clítoris.


Quería follar a David como se merecía, y quería un segundo orgasmo como el primero. Le dije que se tumbase en cama boca arriba, le até de manos y pies a la cama con unos pañuelos de seda. Empecé a jugar con su polla, quería que se le pusiese muy dura. Chupar su polla me gustó, y a él también.
-Sigue chupando, pero fóllame, fóllame. Cabalga con mi polla dentro de ti.
Me puse sobre David en arco de triunfo, cogí su polla y la deslicé despacio dentro de mi sexo. Luego empecé a cabalgar. A veces me inclinaba sobre él para que pudiese lamer y besar mis pechos, mis pezones. Luego volvía a cabalgar. A veces sacaba la polla de David para presionar mi clítoris. Quería llegar pronto al orgasmo. Pero cuando estaba a punto volvía a deslizar la polla de David dentro de mi sexo.
-¡Qué zorra eres!
-No sabes cuánto.
Saqué de mi sexo la polla de David, la agarré fuerte y presioné mi clítoris cuanto pude. El orgasmo hizo que cayese sobre David.


Entonces le confesé lo que había hecho veinticuatro horas antes.
-¿Sabes qué hice ayer?
-Cuéntamelo.
-Me casé.
-¿Te casaste?
-Sí. Quería darte una sorpresa.
-¿Por qué no estás de luna de miel?
-Mi marido tiene que trabajar hasta la próxima semana.
-¡Has tardado menos de veinticuatro horas en ser infiel a tu marido!
-¿Qué te parece?
-Eres la mujer más zorra que he conocido.
-¿Te importa?
-Me encanta. Tanto que te voy a follar como hay que follar a una zorra.


Le desaté, me tendió sobre la cama, se puso de pie al borde de la cama, me arrastro hasta él con las piernas abiertas, cogió su polla y con ella empezó a acariciar mi sexo y mi clítoris, a excitarlos. Cuando mis gemidos eran gritos deslizó su polla dentro de mi sexo.
-Sí, sí, fóllame, fóllame.
-Te voy a follar como hay que follar a una zorra como tú.
-¿Cómo?
-Muy duro.
David me embestía con todas sus fuerzas. Me follaba, me follaba duro y salvaje. Parecía que no iba a parar nunca. Sin embargo, se detuvo en seco, sacó su polla de mi sexo y presionó mi clítoris con tanta intensidad que me provocó un orgasmo que agitó todo mi cuerpo.


-¿Te ha gustado, zorra?
-Mucho.
-¿Quieres algo más, zorra?
Cómo me gustaba que me llamase zorra.
Me dejé caer de rodillas entre él y la cama. Agarré su polla y empecé a masturbarle. Metí su polla en mi boca, mientras le hacía una paja. A veces sacaba la polla de mi boca para chupársela desde las pelotas hasta la puntita.
-Sigue, zorra, sigue.
Seguí, seguí sin freno, con todas mis ganas hasta que se corrió a chorros llenando mi boca de semen, adornando mi carita y mis pechos con su jugo, que recogí y me llevé a la boca.

David y yo seguimos siendo amantes para follar duro y salvaje.

sábado, 1 de agosto de 2015

INFIEL PARA FOLLAR DURO

Para follar duro hay que ser infiel. Me llamo Abigail. Me inspira Abbey Brooks.

Me aburre hacer el amor, me gusta follar duro. Por ello, siempre que tengo ocasión le soy infiel a mi marido. Pero no todos los amantes que he tenido me han follado duro. ¿Cuántos amantes he tenido? A mis 34 años estoy casada con mi tercer marido, sin embargo, no sé cuántos amates he tenido, perdí la cuenta cuando superé el centenar. ¿Por qué tantos amantes? Porque en la variedad está la diversión y porque nunca he dejado de buscar un amante que me folle más duro que el anterior. Diréis que soy una zorra, pero os quedáis cortos.

Hace dos meses encontré al hombre que me folló más duro que ninguno hasta ese momento. Fue a través de una web de encuentros casuales. Nos citamos en mi casa.
-¿Estás casada? –preguntó David al ver unas fotos en las que aparecía con mi marido.
-Es mi tercer marido. ¿Te importa?
-No. Si eres infiel eres la zorra que estoy buscando para tener sexo duro.
-Soy mucho más que una zorra, y espero que estés a la altura, que me folles duro.
-Nunca te han follado tan duro como yo te voy a follar.
Pero antes de follarme duro David supo comerme enterita. Me llevó al dormitorio, me desgarró la ropa, me sentó sobre la cama, se arrodilló delante de mí, me quitó las braguitas y comenzó a estimular mi sexo y mi clítoris con sus manos, con su lengua. Metía los dedos y la lengua muy adentro, donde nadie había llegado. Con sus dedos levantó mi clítoris y con su lengua lo presionaba. Mi excitación no dejaba de subir. Gemía de puro placer.
-No pares, quiero más.
David aceleró el ritmo y un orgasmo agitó mi cuerpo. Después pasó por última vez su lengua por mi sexo y mi clítoris. Fue fantástico.


Me puso de pie. Me puso las manos en el culo y me acercó a él. Nos miramos a la boca, nuestros labios se fundieron, nuestras lenguas empezaron a jugar.
-Te quiero follar duro.
-Antes te voy a poner la polla muy dura.
-¿Cómo?
-Como nunca te la han puesto.
Cogí la polla de David y la metí entre mis muslos. Empecé a moverme hacia delante y hacia atrás. Él lo entendió y fue él quien empezó a moverse hacia delante y hacia detrás. La polla de David empezó a crecer.
-¡Qué bien! Nunca me han puesto la polla dura de esta manera.
-¿Te gusta, verdad?
-Mucho. Abigail, eres una calientapollas fabulosa.
-Soy mucho más que una calientapollas.
-¿Qué más eres?
-Soy muy puta y muy zorra.
-Entonces te voy a follar como a la puta y zorra que eres.
-Fóllame muy duro, ya.


David me puso a cuatro patas, apoyé los brazos sobre la cama, cogió su polla y la deslizó dentro de mi sexo. Me la metió muy adentro, hasta donde nadie me la había metido antes. Me sujetó fuerte de las caderas y empezó a embestirme de una manera brutal.
-¿Te gusta?
-Mucho. Sigue así. Sigue follándome como a una puta.
David aceleró el ritmo de sus embestidas. A veces paraba para excitar mi clítoris.
-¿Te gusta?
-Mucho. Pero vuelve a meterme la polla hasta muy adentro.
-¡Qué puta eres!
-Fóllame más duro. Fóllame como siempre has querido follar a una zorra.
-Sí te voy a follar como a una zorra.


David me sentó al borde de la cama, me abrió de piernas, cogió su polla y presionó mi clítoris.
-¿Te gusta?
-Sí, sí.
-¡Qué puta y qué zorra eres!
-Fóllame duro, ya.
David deslizó su polla dentro de mi sexo. Sus embestidas eran profundas e intensas. Las aceleraba o las hacía más lentas a su antojo y para mayor placer suyo y mío.
-Sigue, David, sigue. Fóllame, fóllame, fóllame duro.
-Eres una puta y una zorra a la que me gusta follar duro.
Me excitaba que me llamase puta y zorra. Hacía que quisiese que me follase más y más, más y más duro.
-Sigue, sigue, follándome hasta el final.
David aceleró aún más el ritmo de sus embestidas.
-Un poco más.
Entonces David paró, sacó su polla de mi sexo y con ella presionó mi clítoris. Tuve un segundo orgasmo que agitó todo mi cuerpo sin control.


David estaba de pie, con su polla apuntándome. No pude resistirme. Me dejé caer entre él y la cama. Agarré su polla, la metí entre mis pechos y empecé a hacerle una paja cubana con alguna chupada de puntita de polla. Luego cogí su polla y empecé a hacerle una paja tradicional con chupadas desde las pelotas hasta la punta de la polla. Decidí meterme la polla en la boca y acelerar el ritmo de la paja.
-Sigue, sigue.
Seguí a mil por hora. David se corrió a chorros dentro de mi boca. Saqué su polla de mi boca, y unos chorros de semen adornaron mis mejillas, otros mis pechos. Recogí el semen de mi carita y me relamí. Me subí los pechos y con la lengua recogí el semen de mis pezones.
-Eres una puta y una zorra fabulosa.


Desde entonces David es mi único amante porque me sabe follar duro.