sábado, 1 de agosto de 2015

INFIEL PARA FOLLAR DURO

Para follar duro hay que ser infiel. Me llamo Abigail. Me inspira Abbey Brooks.

Me aburre hacer el amor, me gusta follar duro. Por ello, siempre que tengo ocasión le soy infiel a mi marido. Pero no todos los amantes que he tenido me han follado duro. ¿Cuántos amantes he tenido? A mis 34 años estoy casada con mi tercer marido, sin embargo, no sé cuántos amates he tenido, perdí la cuenta cuando superé el centenar. ¿Por qué tantos amantes? Porque en la variedad está la diversión y porque nunca he dejado de buscar un amante que me folle más duro que el anterior. Diréis que soy una zorra, pero os quedáis cortos.

Hace dos meses encontré al hombre que me folló más duro que ninguno hasta ese momento. Fue a través de una web de encuentros casuales. Nos citamos en mi casa.
-¿Estás casada? –preguntó David al ver unas fotos en las que aparecía con mi marido.
-Es mi tercer marido. ¿Te importa?
-No. Si eres infiel eres la zorra que estoy buscando para tener sexo duro.
-Soy mucho más que una zorra, y espero que estés a la altura, que me folles duro.
-Nunca te han follado tan duro como yo te voy a follar.
Pero antes de follarme duro David supo comerme enterita. Me llevó al dormitorio, me desgarró la ropa, me sentó sobre la cama, se arrodilló delante de mí, me quitó las braguitas y comenzó a estimular mi sexo y mi clítoris con sus manos, con su lengua. Metía los dedos y la lengua muy adentro, donde nadie había llegado. Con sus dedos levantó mi clítoris y con su lengua lo presionaba. Mi excitación no dejaba de subir. Gemía de puro placer.
-No pares, quiero más.
David aceleró el ritmo y un orgasmo agitó mi cuerpo. Después pasó por última vez su lengua por mi sexo y mi clítoris. Fue fantástico.


Me puso de pie. Me puso las manos en el culo y me acercó a él. Nos miramos a la boca, nuestros labios se fundieron, nuestras lenguas empezaron a jugar.
-Te quiero follar duro.
-Antes te voy a poner la polla muy dura.
-¿Cómo?
-Como nunca te la han puesto.
Cogí la polla de David y la metí entre mis muslos. Empecé a moverme hacia delante y hacia atrás. Él lo entendió y fue él quien empezó a moverse hacia delante y hacia detrás. La polla de David empezó a crecer.
-¡Qué bien! Nunca me han puesto la polla dura de esta manera.
-¿Te gusta, verdad?
-Mucho. Abigail, eres una calientapollas fabulosa.
-Soy mucho más que una calientapollas.
-¿Qué más eres?
-Soy muy puta y muy zorra.
-Entonces te voy a follar como a la puta y zorra que eres.
-Fóllame muy duro, ya.


David me puso a cuatro patas, apoyé los brazos sobre la cama, cogió su polla y la deslizó dentro de mi sexo. Me la metió muy adentro, hasta donde nadie me la había metido antes. Me sujetó fuerte de las caderas y empezó a embestirme de una manera brutal.
-¿Te gusta?
-Mucho. Sigue así. Sigue follándome como a una puta.
David aceleró el ritmo de sus embestidas. A veces paraba para excitar mi clítoris.
-¿Te gusta?
-Mucho. Pero vuelve a meterme la polla hasta muy adentro.
-¡Qué puta eres!
-Fóllame más duro. Fóllame como siempre has querido follar a una zorra.
-Sí te voy a follar como a una zorra.


David me sentó al borde de la cama, me abrió de piernas, cogió su polla y presionó mi clítoris.
-¿Te gusta?
-Sí, sí.
-¡Qué puta y qué zorra eres!
-Fóllame duro, ya.
David deslizó su polla dentro de mi sexo. Sus embestidas eran profundas e intensas. Las aceleraba o las hacía más lentas a su antojo y para mayor placer suyo y mío.
-Sigue, David, sigue. Fóllame, fóllame, fóllame duro.
-Eres una puta y una zorra a la que me gusta follar duro.
Me excitaba que me llamase puta y zorra. Hacía que quisiese que me follase más y más, más y más duro.
-Sigue, sigue, follándome hasta el final.
David aceleró aún más el ritmo de sus embestidas.
-Un poco más.
Entonces David paró, sacó su polla de mi sexo y con ella presionó mi clítoris. Tuve un segundo orgasmo que agitó todo mi cuerpo sin control.


David estaba de pie, con su polla apuntándome. No pude resistirme. Me dejé caer entre él y la cama. Agarré su polla, la metí entre mis pechos y empecé a hacerle una paja cubana con alguna chupada de puntita de polla. Luego cogí su polla y empecé a hacerle una paja tradicional con chupadas desde las pelotas hasta la punta de la polla. Decidí meterme la polla en la boca y acelerar el ritmo de la paja.
-Sigue, sigue.
Seguí a mil por hora. David se corrió a chorros dentro de mi boca. Saqué su polla de mi boca, y unos chorros de semen adornaron mis mejillas, otros mis pechos. Recogí el semen de mi carita y me relamí. Me subí los pechos y con la lengua recogí el semen de mis pezones.
-Eres una puta y una zorra fabulosa.


Desde entonces David es mi único amante porque me sabe follar duro.

miércoles, 1 de julio de 2015

FÓLLAME MÁS DURO

Me gusta que me follen más y más duro. Me llamo Maite. Me inspira Marketa Brymova.

Me casé con 25 años. No tengo queja de mi marido, es decir, me es fiel, pero se limitaba a hacerme el amor, no me follaba. Ello hizo que me sintiese frustrada. Antes de que se cumpliesen seis meses de casada me decidí a buscar un amante que me desease de verdad, que me quisiese follar duro, que quisiera tener sexo sin límites. Empecé a salir con mi amiga Mónica, a la que nunca le importó estar casada para tener sexo con otros hombres. Empecé a follar con otros hombres, pero no eran mejores que mi marido y volvía a casa con sentimiento de culpa. Las cosas cambiaron cuando conocí a David. Fue en una fiesta organizada por Mónica. Hubo química desde que nos presentaron.

-Es la primera vez que te veo en una de las fiestas de Mónica –dijo David.
-He venido otras veces, y espero tener más suerte.
-Dame una oportunidad.
-Eres muy directo.
-Todos sabemos a qué hemos venido –dijo David, que me tomó por la cintura y me acercó a él.
Nos miramos a los ojos, luego a los labios. Nos besamos con pasión, con hambre de sexo.


Nos dirigimos a uno de los dormitorios. Nos desnudamos, besamos, acariciamos, él mis pechos, mi culo, mi sexo; yo su torso, su abdomen, agarré su polla, la excité hasta ponerla dura.
-Quiero comerte enterita –me dijo David.
-¿A qué esperas?
David se sentó en el borde de la cama y me abrió de piernas.
-¡Qué bonita eres!
-Cómeme.
David besó mi sexo, mi clítoris, luego pasó la lengua por mi sexo, por mi clítoris. Abrió mi sexo, metió su lengua dentro de mí. Pasaba su lengua por todo mi sexo, por mi clítoris. Presionaba mi clítoris con los dedos, con la lengua. Metió un dedo dentro de mi sexo para deslizarlo unas veces despacio, otras deprisa. Elevó mi clítoris y lo lamió y presionó con la lengua. Yo estaba alucinando.
-Sigue, sigue, un poco más.
David siguió. Metió su lengua más adentro de mi sexo, luego la pasó por mi clítoris y tuve un orgasmo que agitó mi cuerpo.


-Quiero que me vacíes las pelotas.
-Antes me tendrás que follar duro.
-Hablas como una zorra.
-Me haces sentir una zorra.
David cogió su polla, que estaba tiesa como una barra de acero, y la deslizó despacio dentro de mi sexo, para que sintiese todo lo larga que es. Empezó a embestirme, tanto que mis pechos se movían al ritmo de las embestidas.
-¿Te gusta así?
-Sí, me gusta. Pero, quiero que me folles duro de verdad.
David aceleró el ritmo de sus embestidas, paró en seco, sacó la polla del sexo y con ella presionó mi clítoris.
-¿Te gusta, zorra?
-Me gusta, pero quiero otro orgasmo.
-Pídeme los que me quieras, zorra.
Me gustaba que me llamase “zorra”.
David volvió a deslizar la polla dentro de mi sexo. Las embestidas eran brutales, profundas.
-Sigue, sigue.
David se tendió sobre mí. Me dio un beso que casi me dejó sin respiración. Entonces sacó su polla de mi sexo y con ella presionó mi clítoris. Otro orgasmo agitó mi cuerpo.


-¿Qué te ha parecido? ¿He ganado el premio?
Claro que lo había ganado, pero quería que me volviese a follar.
-Quiero que me folles más duro.
-Zorra.
David me puso a cuatro patas, cogió su polla dura como un bate de béisbol y la deslizó dentro de mi sexo. Sus embestidas eran fabulosas.
-Zorra, ¿es así como quieres que te folle?
-Más duro.
Entonces David sacó su polla de mi sexo, me tendió en la cama, se puso detrás de mí, me abrió de piernas y volvió a deslizar su polla dentro de mi sexo. Mientras me embestía excitaba mi clítoris con una mano y con la otra pellizcaba uno de mis pezones. Ahora sí me estaba follando duro.
-Sigue, sigue.
-¿Así de duro es cómo quieres que te folle, verdad, zorra?
-Sí, sigue, sigue.
David continuó con desenfreno y llamándome “zorra, zorra, zorra”. Tuve mi tercer orgasmo.


-¿Quieres más, zorra?
-Sí. Quiero tu polla.
David se sentó en el borde de la cama, yo me arrodillé delante de él. Le cogí la polla, la levanté, le chupé las pelotas, luego la polla hasta la punta, me la metí en la boca y empecé a hacerle una paja.
-Así es como más me gusta. Qué buena eres.
Aceleré el ritmo de la felación hasta que David no pudo más. Sentí un chorrazo de semen en el paladar, luego saqué la polla de mi boca y sentí varios chorros en mi cara. Recogí con la lengua el semen de mis labios y con los dedos el que cayó en mis mejillas. Me relamí de gusto.


David y yo somos una pareja de amantes perfecta. Nos damos todo el sexo que necesitamos y nos follamos duro.

martes, 2 de junio de 2015

SOY MUY ZORRA

Lo reconozco: soy muy zorra. Me llamo Marta. Me inspira Memphis Monroe.

Me inicié en el sexo demasiado tarde, tenía 23 años. Fue con mi novio de siempre, pero después de seis meses me resultaba muy aburrido hacer siempre lo mismo. Me decidí a ir de fiesta a sitios de marcha, donde hubiese sexo garantizado. Empecé a follar con todos los tíos que era capaz, quería experimentar cosas nuevas cada noche. En una de esas fiestas conocí a mi marido. Con él me casé el día que cumplí 25 años. Le gustaba que tuviese sexo con otros hombres siempre que él también participase o estuviese presente. Nos gustaba hacer tríos, cuartetos y quintetos, donde además de él también me follaban sus amigos. Otras veces eran sus amigos los que me follaban mientras él se masturbaba y era el primero en correrse en mi cara, luego eran sus amigos los que se corrían, entre todos me cubrían de semen, ¡y yo tan contenta!

Sin embargo, no tenía la sensación de estar siendo infiel. Y esa era una sensación que quería experimentar. La sola idea de ser infiel a mi marido me resultaba excitante. De nuevo empecé a salir sola, iba a fiestas alegres donde sabía iba a haber mucho sexo. Allí conocí a David. Me folló a lo grande. Le pedí repetir. Nos citamos en su casa.
  

-Me encanta que quieras más sexo –me dijo a la vez que me tomaba por la cintura.
-Me follaste a lo grande y quiero más –dije.
Me puso las manos en las nalgas, luego entre los muslos, me acercó a él, me hizo sentir su cuerpo, restregó su polla en mi sexo. Nos besamos caliente, nuestras lenguas empezaron a jugar.
-Marta, te quiero follar duro.
-David, ayer te elegí porque me follaste duro, pero hoy voy a ser yo la que te folle duro.
Le gustó lo que dije y me arrancó el corsé de cuero. Me cogió los pechos, elevó y apretó, empezó a lamerlos y chuparme los pezones. Yo contraataqué metiendo mano en sus pantalones y frotándole la polla hasta que se la puse tan dura que no cabía en el slip.
-Quiero un 69.
-Lo que tú quieras, Marta.
Nos desnudamos y tendimos en cama. Sentir cómo me lamía el sexo y el clítoris me excitó tanto que sólo fui capaz de agarrar su polla comenzar a masturbarle y chupársela. Cuanto más le chupaba la polla, más me chupaba el sexo y el clítoris. Estábamos sincronizados a la perfección. Su polla apuntaba al cielo como un cohete y mi sexo estaba caliente como un volcán. Me gustaba lo que estaba pasando, tanto que aceleré mis chupadas de polla para que él entendiese que tenía que hacer lo mismo. Conseguí lo que andaba buscando: tuve un orgasmo fantástico.



-¿Qué quieres ahora?
-Quiero que sigas sobre la cama. Me voy a poner sobre ti y te voy a follar a placer.
Me puse sobre David, agarré su polla dura y la deslicé dentro de mi sexo, hasta tan adentro que gemí de puro alucinar. Comencé a cabalgar, a veces se salía la polla de David de mi sexo, pero rápido reaccionaba y volvía a metérmela hasta muy adentro. A veces me inclinaba sobre él para que lamiese mis pechos y mis pezones, otras paraba para estimular mi clítoris, siempre con el objetivo de tener otro orgasmo.
-Me gusta cómo me follas.
-Me gusta follar como una zorra.
-Quiero ver cómo tienes otro orgasmo.
Entonces me eché hacia atrás, me apoyé en una mano y con la otra estimulé mi clítoris, luego agarré la polla de David y con ella presioné mi clítoris. Un orgasmo agitó mi cuerpo y caí sobre David, que empezó a besarme.


-Quiero dejarte sequito.
David se sentó al borde de la cama, apoyado en sus brazos, con las piernas estiradas y su polla apuntado a lo alto. No pude aguantar las ganas. Me arrodillé delante de él, le abrí de piernas, le agarré la polla y empecé a hacerle una paja de alucinar. Le chupaba las pelotas, la polla de abajo a arriba, la puntita.
-Sigue, sigue.
Metí su polla en mi boca mientras aceleraba el ritmo de la paja que le estaba haciendo. Seguí con tantas ganas que David no pudo más. Se corrió a chorros, llenando mi boca con su jugo delicioso, adornándome la carita con su semen blanco y denso, que recogí con los dedos y me llevé a la boca. Me relamí de gusto.

-¿Sabes una cosa? Estoy casada.
-Entonces eres la zorra que llevo buscando desde hace tiempo.
-¿Quieres ser mi amante?
-Sí.
-Pero, seguiré con mi marido, que me folla en compañía de sus amigos.
-Eres más puta y zorra de lo que creía. Eres perfecta.

Han pasado seis meses, y David y yo seguimos follando a lo grande.

viernes, 1 de mayo de 2015

CAMBIAR PARA FOLLAR

He tenido que cambiar de vida para follar de verdad. Me llamo Minerva. Me inspira Madelyn Marie.

Me casé con 25 años con mi primer y único novio. Estaba enamorada. Nunca tuve la necesidad de estar con otros hombres. A los dos años de casarnos tuvimos la primera crisis. Por exigencias del trabajo tuve que ser infiel a mi esposo. Al principio me sentía culpable. Mi marido fue comprensivo, me disculpó porque había que conservar el único ingreso que entraba en casa. Sin embargo, poco a poco empecé a disfrutar de ser infiel. Además, de follar para conservar el puesto de trabajo empecé a mentir a mi marido, a ir a sitios de alterne, a follar siempre que se presentaba la ocasión. Cuando mi marido se enteró de esto último me pidió el divorcio y cuando se enteró mi jefe me despidió de la empresa. No me importó ni una cosa no otra. Tenía 28 años y me sentía capaz de todo. Monté mi propia empresa y me busqué un socio capitalista. También es mi amante incondicional: me da todo el sexo que necesito, entiende que he de tener sexo con clientes si quiero cerrar negocios y le excita saber que tengo sexo con otros hombres.



Le conocí en una de mis salidas nocturnas. Yo estaba sola tomando una copa. No me quitaba ojo de encima. Se acercó a mí.
-Me llamo David, ¿y tú?
-Minerva.
-¿Qué hace sola una chica como tú?
-Esperando al hombre que me alegre la noche.
-Quiero ser ese hombre.
-Eres muy directo.
-Me gustas. Quiero tener sexo contigo.
-¿Qué tipo de sexo?
-Sin límites.
-¿En tu casa o en la mía?



En unos minutos llegamos a su casa. En el ascensor me tomó por la cintura, bajó sus manos hasta mi culo, me acercó a él, me hizo sentir su polla. Sacó su lengua, acarició mis labios. No me pude contener y le besé con pasión.
-Lo vamos a pasar en grande –dijo él.
-Eso quiero –dije yo.
Entramos en casa. No esperó un segundo en desgarrarme la blusa, quitarme el wonderbrá, agarrar mis pechos y besarlos, lamerlos y chupar los pezones.
-Tienes ganas de sexo.
-Quiero follarte duro.
-Antes tendrás que ganártelo.
David me dio la vuelta, me puso de frente al espejo, empezó a besarme el cuello, mientras seguía apretando mis pechos. Me hizo sentir su polla dura en mi culo. Bajó la cremallera de la falda, me la quitó, me quitó las bragas. Pasó su lengua por mis muslos, mi culo. Me dio la vuelta y pasó su lengua por mi sexo, despacio, disfrutando de cada milímetro de mi piel, de mi sexo, de mi clítoris. Me abrió con sus dedos y metió la lengua muy adentro hasta donde nunca había llegado ninguno de los hombres con los que había tenido sexo. Sabía excitarme, con los dedos y con la lengua. Sabía presionar despacio, pero con intensidad creciente.
-Sí, sí. Sigue, por favor.
David obedeció, con delicadeza y pasión, sin darme un segundo de relax. No se detuvo ni cuando estaba teniendo un orgasmo que agitó todo mi cuerpo.


Me tomó en brazos y me tendió en cama.
-Tenemos toda la noche.
-Fóllame toda la noche.
Me abrió de piernas, deslizó su polla dentro de mi sexo, se tendió sobre mí, besó mi cuello, mis labios, comenzó a follarme con intensidad creciente, a follarme con más y más ganas, a follarme duro.
-Sí, sí, fóllame, fóllame duro.
David obedeció. Cada embestida era más profunda, más intensa. Cuando me besaba y me hacía sentir su polla muy adentro yo alucinaba, me acercaba un poco más al orgasmo. Él se dio cuenta. Sacó su polla de mi sexo y presionó mi clítoris con tanta intensidad que todo mi cuerpo se agitó sin control.


-¿Quieres más? –me preguntó David.
-Sí.
Se lo dijo a la vez que le ponía en cama boca arriba y yo me ponía encima de él en arco de triunfo. Le cogí la polla, me la introduje en mi sexo, empecé a cabalgar. A veces, me acercaba a él para que pudiese pasar su lengua por mis pezones, otras me dejaba caer en vertical sobre él con la polla muy adentro y me excitaba el clítoris hasta que echaba humo.
-Me gusta tu manera de follar.
-Me gusta tener tu polla dentro de mí.
Seguí cabalgando con la polla de David dentro de mí, seguí excitando mi clítoris hasta que no pude más y el orgasmo me hizo desvanecerme sobre David, que empezó a besarme para recuperarme.


-Quiero más –le dije.
-¿Qué más quieres? –me preguntó.
-Quiero tu polla. Te quiero dejar sequito.
David se puso de pie, yo de rodillas delante de él. Le cogí la polla, empecé a masturbarle, a chupársela, me la metí en la boca.
-Sigue, sigue, por favor.
Seguí como sólo sabe hacer una zorra que disfruta vaciando las pelotas del macho que antes la ha follado duro. Chupaba y chupaba, con ganas y más ganas, como nunca había chupado antes la polla de ningún otro hombre. David se corrió a chorros, llenó mi boca de su jugo delicioso, cubrió mi cara con lo que tanto me gusta, recogí el semen con los dedos y me relamí.
-Minerva, eres una mujer de verdad.
-David, te quiero a mi lado.


Un año después, David y yo estamos juntos. Somos una pareja abierta por motivos profesionales y de placer. Y seguimos juntos porque nos damos mucho sexo, sexo duro, sexo de verdad.

jueves, 2 de abril de 2015

ZORRA CON SUERTE

Soy una zorra con suerte. Me llamo Alexia. Me inspira Alexus Winston.

A mis 36 años puedo decir que mi trayectoria sexual ha sido muy intensa. Llevo media vida follando. Empecé a tener sexo con 18 años, en el verano de transición del instituto a la universidad. Fue un verano de fiestas locas. Ni me acuerdo con cuántos hombres y mujeres tuve sexo. En la universidad empecé a buscar un marido que me arreglase la vida. Me casé por primera vez con 25 años y por segunda con 30, pero a escondidas seguía teniendo sexo con gente guapa y libertina. Cuando me quería divorciar hacía llegar unas fotos subiditas de tono a mi marido de turno. Me casé por última vez con 34 años. Diréis que soy una puta y una zorra, pero os quedáis cortos.

Al casarme con mi actual marido nos fuimos a vivir a una nueva urbanización. Allí me fijé en un chico más joven que yo. Vivía con sus padres. Hicimos amistad sin que nadie lo supiese. Sabía que tenía novia, pero me reconoció que, después de dos años, aún no habían tenido sexo. Era una noche de verano calurosa. Todos de viaje, mi marido, sus padres, su chica.


-David, no sé cómo sigues con tu chica.
-Nos queremos.
-Pero no os deseáis.
-Sí la deseo.
-Entonces tu chica es una estrecha. Pierdes el tiempo con ella. A tus 24 años tenías que estar follando a tope.
-Lo sé.
-Seguro que se te ha pasado por la cabeza tener sexo con alguna mujer, ¿verdad?
-Sí.
-Dime, ¿con quién te mueres de ganas de follar? ¿La conozco?
-Contigo.
-¿Conmigo?
-Sí, pero estás casada.
No lo pude evitar. Me eché a reír.
-Por favor, David. No seas ridículo. No te tiene que importar que esté casada. He puesto los cuernos a mis tres maridos.
-¿Tienes amante?
-Nunca he tenido amante. Follo cuando me apetece y con quien me apetece.
-Entonces eres una puta y una zorra. ¡Perdón!
-¡Eeeh! No me pidas perdón. Sí soy una puta y una zorra. Y me excita que me lo digas. Me pones muy caliente.
-Tú a mí me llevas poniendo caliente desde que te conozco.


Me acerqué a David, le besé, le puse la mano en la entrepierna. Tenía la polla dura.
-Estamos solos. Follemos toda la noche.
-Sí, sí.
Nos comimos a besos, nos desnudamos, nos acariciamos. Estábamos calientes. Teníamos ganas de sexo.
-Me muero por comerte enterita.
-Ven.
Le cogí de la mano. Fuimos hasta el sofá, me senté, me abrí de piernas.
-Soy tuya.
David se arrodilló, empezó a besarme los muslos, se quedó mirando mi sexo.
-Qué bonita eres.
-Cómeme.
David empezó a cubrir de besos mi sexo y mi clítoris, luego a pasar su lengua por donde antes me besó, por fin, metió su lengua muy dentro de mi sexo a la vez que presionaba mi clítoris con sus dedos. Luego al revés, metió sus dedos en mis sexo, los deslizaba despacio, deprisa, levantó mi clítoris y lo besó, lo lamió y lo presionó con su lengua, con tanta intensidad que tuve un orgasmo.


Quería la polla de David dentro de mi sexo. Quería follar duro. Le pdí que se sentase en el sofá. Su polla estaba erecta. Me abrí de piernas en arco de triunfo sobre él, apoyando las rodillas en el sofá, cogí su polla y descendí sobre ella. La polla de David dentro de mi sexo ¡Fantástico! Empecé a cabalgar. A veces paraba para besarle, jugábamos con nuestras lenguas de manera natural, instintiva, besaba mis pechos, mis pezones. Luego seguía cabalgando. Me detuve para cambiar de postura. Me di la vuelta, cogí su polla dura, me senté sobre ella deslizándola dentro de mi sexo.
-Alexia, me vuelves loco –me dijo al oído.
-Calla, y fóllame duro.
David me sujetó por la cintura, empezó a embestirme. Yo me excitaba el clítoris. Quería otro orgasmo. David se dio cuenta.
-¿Quieres más, verdad, zorra?
-Sí, sí.
David me embistió con tal furia y yo me frotaba el clítoris con tanta intensidad que tuve mi segundo orgasmo.


-Sigamos follando –dijo David.
-Sí, sí.
Nos pusimos de pie, de frente.
-Qué puta eres, qué zorra eres. Me gustas.
Besé a David.
-Fóllame como quieras, pero que sea duro.
David metió su polla en mi sexo y me levantó, cogiéndome del culo. Me abrecé a él. Me llevó al dormitorio. Nos tendimos sobre la cama. Empecé a sentir sus embestidas, profundas. Tengo que reconocer que ningún hombre me había metido la polla tan adentro. A veces paraba para besarme. Me gustaba que se apoyase sobre los brazos extendidos y me metiese la polla muy adentro a la vez que me llamaba “puta” y “zorra”. Me excitaba. Paró, sacó su polla y presionó mi clítoris. Tuve mi tercer orgasmo.


-Esto no ha terminado –dijo David.
-¿Cómo quieres que termine?
-¡Qué puta y qué zorra eres! Sólo puede terminar de una manera.
David estaba de pie. Me arrodillé delante de él. Le cogí la polla, empecé a masturbarle, a chuparle las pelotas y la polla hasta la puntita. Me metí la polla durísima en la boca y empecé a hacerle una paja de alucinar. Le miré a los ojos.
-No pares. Sigue hasta el final.
Obedecí. En unos segundos David se derramó llenando mi boca de su jugo delicioso. Luego unos chorros de semen adornaron mi carita de zorra. Recogí el semen de mis mejillas y me chupé los dedos.
-Eres deliciosa.
-Seguro que quieres más.
-Sí.
-Mañana más.



Estuvimos follando sin descanso durante una semana. Grabamos un vídeo que hice llegar a mi marido, del que ya me he divorciado. David y yo llevamos nueve meses de sexo sin límites. Pura fantasía hecha realidad.

martes, 3 de marzo de 2015

SEXO DURO Y SALVAJE

Ya sólo practico sexo duro y salvaje. Me llamo Angie. Me inspira Angie Savage.

Me inicié en el sexo con 18 años, con mi primer novio; me follaba los fines de semana, pero me cansé de él; yo quería más. En la universidad cambié de novio tres veces, pero más de lo mismo, y a los tres los dejé. En mi último año de carrera leí un anuncio que decía Fiesta loca para chicas malas. Sólo entran las diez primeras en llegar. No me lo pensé dos veces y acudí a la fiesta, fui la primera; rápido me vi acompañada por todos los tíos que me diese la gana tener, todos a mi disposición, todos para tener todo el sexo que me diese la gana; no recuerdo a cuántos tíos me follé, ni cuántos me follaron, pero salí siendo otra mujer; me di cuenta de que en verdad era una zorra a la que le gustaba que la follasen duro y salvaje. No me perdí ninguna de esas fiestas. Me empezaron a llamar la Superfolladora, la Superzorra. Una de esas fiestas se convirtió en un gangbang en el que me follaron ¡50 tíos! De todos me gustó uno más que los demás, porque noté que sabía y que le gustaba follar duro y salvaje. Me dijo: “Me gustan las zorras como tú. Te estaría follando duro y salvaje durante horas. Quiero ser tu pareja”.

Días después llamé al chico que tan bien me folló, al único que me folló como siempre quise que me follasen. Nos vimos en mi apartamento. Nos sentamos en el sofá.
-David, ¿de verdad quieres ser mi pareja?
-Sí.
-¿No te importa que sea una zorra? Tengo 23 años y ya he follado con más de 300 tíos –se lo pregunté mirándole a los ojos, metiéndole mano en sus pantalones y cogiéndole las pelotas y la polla.
-Angie, querida, sólo me importa follare duro y salvaje –me contestó metiendo una mano en mi short y empezando a frotar mi sexo.
-Si me follas duro y salvaje seré tu pareja, pero seguiré follando con otros tíos –y le hice sentir mis labios calientes en los suyos.
-Cuanto más folles con otros tíos, más duro y salvaje te follaré –y metió su lengua en mi boca –pero antes deja que te coma enterita. Quiero tu sexo.
Aluciné. David era el hombre que siempre había buscado. Le gustaba que su chica fuese una zorra, le excitaba que lo fuese. Con David podría ser una zorra con toda libertad. Necesitaba a David, lo necesitaba para sentirme muy zorra y muy mujer.
  

David no perdió un segundo. Me desnudó, abrió de piernas, se arrodilló y comenzó a frotar y lamer mi sexo. Metió la lengua hasta muy adentro de mi sexo, luego la pasó por mi clítoris. Mis latidos se aceleraban.
-Sigue, David, sigue. Me está gustando.
-A mí también.
Nadie me había practicado el sexo oral de una manera tan sensual, tan excitante, tan excitante que me entraron unas ganas locas de comerle la polla.
-David, quiero tu polla, ahora.
David se puso de pie delante de mí. Le bajé los pantalones y el slip, y su polla dura saltó como resorte golpeándome en la cara. Le agarré la polla, se la levanté, le chupé las pelotas, le pasé la lengua de abajo a arriba, hasta la puntita, y metí su polla en mi boca.
-Me gusta, me gusta –dijimos a dúo.
Seguí chupando, disfrutando como la zorra insaciable que soy.
-¿Hacemos un 69? –me preguntó David.
-Sí, sí.
Cogidos de la mano fuimos hasta el dormitorio, deshicimos la cama y nos tumbamos en ella. Cuanto más me chupaba el sexo, más le chupaba la polla, cuanto más excitaba mi clítoris, más fuerte le agarraba la polla y con más pasión se la chupaba. Nunca ningún hombre me había comido como David me estaba devorando. Nunca a ningún hombre le estaba comiendo la polla como se la estaba devorando a David. Estaba siendo fantástico, tanto que tuve un orgasmo fabuloso, pero lo mejor fue que mientras lo sentía fui capaz de agarrarme fuerte a la polla de David y el siguió lamiendo mi sexo y mi clítoris.


-Angie, zorra, ahora te voy a follar duro y salvaje.
-Sí, sí, llámame zorra, que me pone a mil, y fóllame duro, muy duro, salvaje, muy salvaje.
David me puso a cuatro patas, acarició mi sexo, presionó mi clítoris. Gemí.
-Fóllame duro, fóllame salvaje.
David cogió su polla, con ella dio golpecitos en mi culo, en mis muslos y en mi sexo. Deslizó su polla dentro de mi sexo, despacio, hasta muy adentro.
-¿Te gusta?
-Me gusta.
-¡Qué zorra eres!
-Soy muy zorra.
David empezó a embestirme sin cortarse un pelo. Sus embestidas eran brutales, feroces, profundas. A veces me azotaba en el culo. Entonces le pedía que me follase más, que no parase. David obedecía. Me sujetaba fuerte y me embestía con más y más fuerza. Me metía la polla hasta muy adentro, hasta donde ningún hombre me la había metido. Sentir su polla dura tan adentro de mí me hizo sentir muy zorra. Y cuando me sentía más zorra que nunca tuve mi segundo orgasmo.


Pero yo quería más.
-Vuélveme a follar duro y salvaje.
-¡Qué zorra eres!
-Soy más zorra de lo que imaginas.
David me tendió boca arriba, me abrió de piernas, agarró su polla dura, se acercó a mí, deslizó su polla dentro de mi sexo. Empezó a follarme con más ganas que antes. Hubo un momento en el que paró, se tendió sobre mí, me dio un beso que me cortó la respiración a la vez que me metió la polla hasta el fondo. Aluciné.
-Me gusta lo zorra que eres, lo bien que follas, lo bien que follo contigo. Eres la mejor.
-Sigue follándome duro y salvaje. Eres el hombre que mejor me ha follado.
David se puso detrás de mí, me abrió de piernas, metió su polla en mi sexo, empezó a embestirme, pellizcaba uno de mis pezones mientras frotaba mi clítoris. Alucinaba. No tardé mucho en tener el tercer orgasmo.


-Sólo falta una cosa –dijo David.
-La que más me gusta –le dije poniendo carita de viciosa.
David se puso de pie, yo me arrodillé delante de él, le agarré fuerte la polla y se la empecé a chupar con una pasión que sólo se podía saciar de una manera… David se corrió a chorros. Cubrió mi cara con su semen, llenó mi boca. Me relamí. Gocé.
-Eres la mejor.
-Quiero ser tu pareja –le dije.
-Que la mujer más zorra quiera ser mi pareja me parece fantástico.
-Quiero que me folles duro y salvaje todos los días.
-Te follaré duro y salvaje siempre.

Sigo follando con otros hombres, porque me gusta, porque lo necesito para follar con David con más ganas, porque a David le excita, cuando le cuento lo que he hecho con otros hombres me folla más duro y salvaje. Somos la pareja perfecta.